Line Masks

Cómodos sintiéndonos incómodos

Prácticamente cada paso del crecimiento personal, cada paso hacia la auto-realización son incómodos. Casi cada cosa que vale la pena tener cuesta.

Tanto sufrimiento está causado por el deseo de sentirnos diferentemente de cómo nos sentimos ahora mismo.

Sin embargo, no solemos huir de sentimientos cómodos o sentimientos que consideramos positivos o buenos. ¿Cuándo fue la última vez que pensaste? “No aguanto más esta felicidad, estoy atrapado en una prisión de felicidad devastadora; ¡no lo aguanto más! Tengo que hacer todo lo que pueda para escaparme de este sentido aplastante de felicidad; sea lo que sea el precio”. Es posible que ocurra pero sería bastante inusual, ¿no? Más bien, lo más normal es intentar escaparnos de sentimientos incómodos, esto es instintivo.

A lo largo de nuestra evolución nuestra actitud hacia nuestro entorno puede resumir así: En voz “neandertal”

  • Daño/Dolor = Malo.
  • Placer/Confort = Bueno.

Esto nos funcionó bien mientras que la supervivencia fue primordial. Sigue siendo una estrategia que funciona especialmente bien para nuestros perros. Y en buena medida, esta regla es una regla buena. Es cómo hemos llegado a dónde estamos hoy. Nuestros sentidos nos dicen: ¡“ay”, esto dolió!; la mente dice “daño=malo – ¡evita! E inmediatamente planifica y se organiza para evitar una repetición de la situación en el futuro – todo muy sensato y lógico; exactamente el tipo de problema que nuestra mente racional – la que está constantemente pensando y haciendo cosas – hace mejor: solucionar problemas de supervivencia.

Este sistema se derrumba cuando, en vez de identificar un estímulo físico y externo como daño/dolor=malo, identificamos un sentimiento como daño/dolor=malo y nos disponemos a organizar nuestras vidas para evitarlo. Pero el evitar los sentimientos, rápidamente se vuelve habitual y se vuelve parte de nuestro  “piloto automático”; aunque evitar las cosas controla nuestras acciones se ha vuelto a todos los efectos invisible (efectivamente invisible).

En otras palabras, intentamos quedarnos en nuestra zona de confort y evitamos situaciones que podrían hacernos sentirnos incómodos o bien, acabamos teniéndoles tanto miedo que tenemos una reacción exagerada y nos encontramos dirigidos por el miedo en estas situaciones. Nos sentimos temerosos y ansiosos sin verdaderamente entender la razón.

La mejor forma de defensa es el ataque (o al menos acercarnos a ello.)

Las mejores joyas en el crecimiento y desarrollo de las personas que asisten a mis programas resultan de crisis/malas situaciones, cuando la estrategia de evitar o sobre-pensar algo se vuelve mayor problema que el problema original. La persona se siente insegura, abrumada, incluso sin recursos.  En este momento pensamos “no sé qué hacer”. Es justo en este momento que entra una chispa de luz o rayito de esperanza y nace la posibilidad de cambiar.

Así que, ¿Qué podemos hacer?

  1. Acomódate con sentirte incómodo. Recuerda que por muy incómodo que te puedas sentir, pasará; nada es permanente. Hay un propósito, forma parte de tu camino. Simplemente fíjate cuando te sientes incómodo por algo: ¿Dónde se encuentra este malestar en tu cuerpo? ¿Cuáles son tus pensamientos y sentimientos en este momento? ¿Qué tal tu respiración? Observa sin tener que responder; observa con curiosidad abierta, con cariño hacia ti mismo. Sobre todo hazlo todo con humor. Todos somos gilipollas – ¡¿Y qué?! Tal como escribí hace poco, reconocer que seas gilipollas es el primer paso hacia la sabiduría.
  1. Deja de intentar ser feliz y simplemente haz lo que tienes delante de ti – lo que sea – estar fregando platos, bañando a los niños, trabajando, conduciendo camino al trabajo. Deja de preguntar “¿Por qué?” Y céntrate en “¿Cómo? – ¿Cómo hacer lo mejor que pueda hacer en este momento?”.
  1. Deja de tomarte tan en serio; no eres tan único, ni tan importante. Vale, todos somos únicos – lo que significa que ninguno es único. El universo se las apañaría perfectamente, el mundo también se las apañaría perfectamente sin ti. Una vez te mueras, el mundo no tardará mucho en olvidarte –  como máximo, un par de generaciones. No eres indispensable. Deja de preocuparte sobre lo que imaginas que otros piensan sobre ti. Yo sigo la siguiente regla: el 15% de las personas que te conocen siempre pensarán negativamente sobre ti; otro 15% te querrán sí o sí; a los demás les importas un pepino; les preocupa demasiado lo que otros piensan sobre ellos para preocuparse de ti.
  1. Sé agradecido: el agradecimiento es un antídoto a evitar sentimientos, situaciones y sensaciones difíciles. La vida es una serie de problemas; el universo te envía un problema y si lo solucionas, avanzas; si no lo solucionas, repites. Repetir nos hace sentirnos mal; solucionar y avanzar en la vida nos hace sentir bien pero no es para tanto; no te vuelvas demasiado chulo/a; sé humilde y agradecido. Uno de mis maestros tibetanos me enseñó algo sobre el agradecimiento: “sé agradecido por tus enemigos porque ellos te enseñan la compasión”. Esto puede parecer muy avanzado pero ti, yo y todos deberíamos aspirar a eso. La vida, el bienestar y la felicidad tienen que ver con un aprendizaje constante; incluso cuando en estos momentos te hacen “pasarlas caninas” y te sientes de mala leche, esto abre la puerta a encontrar la lección en cada experiencia o situación. El agradecimiento es como el combustible del cohete en el camino hacia la autorealización.
  1. No te olvides que todos estamos en esto juntos. Todos queremos ser felices y todos queremos evitar el sufrimiento. Es algo que tenemos en común. Olvidamos esto fácilmente a medida que nos movemos en nuestra burbuja que se llama “el-universo-centrado-en-mí” – mis problemas, mi vida, mi sufrimiento. Por ejemplo, cuando estás en un atasco y parece que tienes que luchar con todos y que todos están en contra de ti. Para y date cuenta de que todos se sienten prácticamente igual que tú
    y que todos estamos en esto juntos.
  1. Recuerda, esto no es un ensayo. Hay sólo dos cosas ciertas en esta vida. Morirás. No sabes cuándo. No hay segunda oportunidad. Aprovecha lo mejor de ahora, de este momento.

 

Autor: Geoffrey Molloy

Existe un comentario

Deja un comentario