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Conocerte a ti mismo – es la clave para todo

Como especie estamos programados  a fijarnos en modelos. Una consecuencia de esto es que nos sentimos atraídos por verdades elegantes y sencillas. Por ejemplo, la evolución es una idea sencilla y elegante pero a través de esta idea empezamos a entender la aparición de la complejidad y diversidad del universo en que vivimos. En cuanto a la auto-actualización (ser lo mejor que podemos ser,  vivir una vida con sentido, propósito y conexión – una vida feliz), la verdad sencilla y elegante es “conocernos a nosotros mismos”.

No conocernos a nosotros mismos crea un sentido de insatisfacción constante – incluso un sentido de vacío. Dificulta una conexión auténtica – lo hace imposible incluso.

El problema es que en esta vida nunca puedes ser verdaderamente feliz con lo que tienes hasta que entiendas y aceptes quién eres.

Sin embargo, esta tarea no es tan sencilla. Nuestro propio “sí” está enterrado en historias y hábitos de evitación consciente. Nuestra mente racional es experta en esto. Por tanto, pensar en ello (aunque de utilidad a veces pero muchas veces de poca utilidad) no es la herramienta o habilidad idónea principal. Necesitamos acercarnos a nuestros cuerpos (específicamente a nuestros cuerpos sutiles). Es la única fuente fiable de información que tenemos sobre nuestros sentimientos y emociones. También es donde almacenamos el trauma y los sentimientos que hemos aprendido a evitar y tragar.

No podemos conseguir esto pensando más, contando más historias, intelectualizando, sino que sí, podemos cultivar la habilidad de desarrollar una conexión con la información almacenada en nuestros cuerpos. Esto también tiene el efecto adicional de mejorar nuestra intuición. Conocerse a uno mismo es uno de los objetivos principales de nuestro retiro  ¡Socorro – no puedo parar de pensar! en Cantabria.

Conocerte y aceptarte a ti mismo no es egoísta; es muy probablemente uno de los mejores regalos que puedes dar al mundo. Una persona no puede conocerse a sí misma verdaderamente sin que a la vez se vuelva  más agradecida, más compasiva, con un corazón más abierto y más dispuesto a perdonar.

Conocer a otros – es sabiduría; conocerse a sí mismo – es iluminación.

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