¿DÓNDE TIENES LA CABEZA CUANDO CONDUCES?

mindfulness para conducir

“Las distracciones al volante están convirtiéndose en un problema cada vez más serio por la introducción de todo tipo de nuevas tecnologías dentro del coche. En la actualidad son la causa de aproximadamente el 20% de las colisiones – así que es un gran problema,” según el Profestor Lee de la Universidad de Wisconsin en un congreso reciente sobre la seguridad vial en Dublin.

De lo que habla el Profesor Lee es de conducir sin “mindfulness”.

Lo contrario de esto es conducir con mindfulness. Así que ¿cómo puede uno conducir con mindfulness? Claramente no significa conducir con los ojos cerrados mientras observas tu respiración. Conducir con mindfulness es mucho más parecido a andar con mindfulness, donde prestas tu atención principalmente en tu manera de andar y en tu respiración pero tus sentidos están abiertos a todo lo que ocurre a tu alrededor.

Existe una frase célebre en que un alumno le pregunta a su maestro Zen el secreto de su tranquilidad. El maestro responde: “Cuando ando – ando; cuando como – como; cuando me siento – me siento” – una de mis descripciones favoritas de mindfulness.

Así que si fuésemos a aplicar este enfoque  a nuestra manera de conducir diríamos “cuando conduzco – conduzco” – es decir no hacer otra cosa.

¿Cuántos de nosotros podemos decir sinceramente que hacemos esto – conducir y sólo conducir? Para muchos esta frase la tendríamos que cambiar a “mientras conduzco – hablo por teléfono, escucho la radio, planifico el día, me distraigo con mis pensamientos, grito a los niños, me enfado con todos los idiotas de la carretera…”

El pasado y el futuro son productos de nuestra imaginación. El momento presente es el único lugar donde ocurre todo. Además es el único sitio en el que podemos cambiar las cosas. Ser mindful significa traer tu atención intencionadamente al momento presente. Conducir con mindfulness significa estar en contacto con el momento presente mientras conduces. Conducir con mindfulness es la manera más segura de conducir porque no estás haciendo nada más.

¿Te acuerdas de esas primeras clases cuando aprendiste a conducir? Había tanto que exigía nuestra atención: no queríamos perdernos nada, fuimos muy cuidadosos, completamente centrados en cómo conducíamos y dentro del coche – en el indicador de velocidad, los pedales, el volante, los espejos,  las marchas (para mencionar algunos). Fuera del coche había tanta información: señales, intersecciones, rotondas, semáforos… Estábamos tensos y muy al tanto. Estábamos muy alerta a todas las sensaciones nuevas.

Sin embargo, una vez que hemos aprendido a conducir y tenemos algo de experiencia al volante, entonces conducir se vuelve algo natural y rápidamente nos podemos convertir en conductores inconscientes. Conducimos de manera automática, es decir, aunque estemos conscientes en algún nivel de que estamos conduciendo, nuestra atención está perdida en nuestros pensamientos como una máquina mental del tiempo, visitando el pasado o el futuro.

¿Has experimentado lo siguiente alguna vez? Después de haber conducido a algún sitio durante varias horas llegas y te das cuenta de que tienes poco o ningún recuerdo del viaje; sientes casi como si hubieras llegado ahí por magia. Cuando experimentamos esto es porque hemos estado conduciendo de forma inconsciente.  

La relación entre la mente y el cuerpo

Muchos de nosotros tenemos que conducir todos los días. Esto puede convertirse fácilmente en una causa para sufrir: los retrasos, conductores desconsiderados, los niños que discuten en la parte de atrás. Pero también puede ser una oportunidad para practicar mindfulness.

Recuerda que cada pensamiento crea un estado emocional correspondiente en nuestro cuerpo. Una vez se establezca ese estado emocional/químico, tendemos a tener más pensamientos relacionados con aquel estado emocional/químico.

Imagina lo siguiente. Estás conduciendo en la autovía. La circulación ha sido bastante pesada durante la última hora con el arranca y para del tráfico. Te sientes tenso; parece que vas a llegar tarde a una reunion importante. Finalmente llegas a tu salida y con un sentimiento de alivio coges el desvío. De repente un coche se te cruza justo delante. Tu cerebro registra el peligro y un chute de adrenalina se libera en tu cuerpo. Antes de que tengas tiempo de pensar en ello conscientemente, reaccionas, frenas y das un volantazo para evitar un accidente. Evitaste el accidente, el peligro ha pasado pero tu cuerpo sigue estando a rebosar de adrenalina y tus pensamientos reflejan tu estado químico/emocional y reaccionas con ira, puede que con palabrotas: “¡No puedo creer que ese h*** de p*** ha hecho eso!” Puede que incluso utilices tu dedo corazón para compartir tu opinión con el otro conductor. Ahora estás enfadado, agitado y tal vez algo agresivo.

En otras palabras, tu estado mental se vuelve inconsciente y negativo. Las probabilidades de tener un accidente han aumentado de manera dramática, especialmente si coincide que te encuentras con otro conductor en un estado parecido al tuyo. 

Incluso si no tienes un accidente, es probable que llegues al trabajo tenso y agitado. Aún peor, puede que ni siquiera seas consciente de tu tensión y agitación mientras pones tu “cara de trabajo” y tu sonrisa “todo es maravilloso”. Sin embargo, seas consciente de ello o no, la tensión está ahí, almacenada en tu cuerpo donde puede empeorar el resto de tu día.

Quiero sugerirte un escenario diferente en el que Ilegas al trabajo relajado, tranquilo, incluso agradecido por la oportunidad y experiencia que el tráfico pesado te ofreció – el resultado de conducir con mindfulness.

 

Conducir con mindfulness

El primer paso para conducir con mindfulness es decidir conducir con mindfulness antes de salir de casa o del trabajo. Piensa en ello como un experimento. Dite, “para este viaje mi objetivo es estar lo más atento al presente (mindful) posible.” Haz que ser mindful, con plena atención en el momento presente sea tan importante como llegar a donde quieres ir.  De hecho, si piensas en ello, no puedes llegar a donde quieres ir sin el momento presente.  Vuelve constantemente a esta idea durante el viaje..

 

Empieza bien

Cuando te subes al coche, antes de arrancar, para un momento.

Inhala como si fuese con el abdomen. Emplea tu atención para seguir tu respiración desde tu nariz hasta abajo.  Ahora, haz un escaneado corporal rápido, no más de treinta segundos. ¿Cómo te sientes? ¿Qué sensaciones notas en tu cuerpo? ¿Hay alguna tensión? Nota donde tu cuerpo contacta con el coche. Esa simple acción te trae inmediatamente al momento presente. También ayuda a callar tu mente racional. Prueba lo siguiente: apaga la radio y experimenta el silencio. Intenta ver qué tal sin el sonido. El silencio te da la oportunidad de ocupar tu atención con otras percepciones, algunas de las cuales son más enriquecedoras. Puedes fijarte en las tensiones que podrías tener en tu cuerpo, como por ejemplo un nudo de tensión en el abdomen; podría ser que tus manos estén tensamente agarradas el volante o que tengas la mandíbula apretada. Fíjate en estas experiencias y deja que tu cuerpo se relaje más. Nota cómo tu experiencia cambia y cómo se vuelve más agradable a medida que relajas los músculos.

Ahora, conduce como si nunca hubieras visto esta calle/autovía/carretera antes. Esta simple acción te trae inmediatamente al momento presente. Emplea todos tus sentidos para aumentar tu sentido de estar aquí y ahora.

Si conduces prestando el mismo tipo de atención que prestaste la primera vez que condujiste, junto con la experiencia que has adquirido, te convertirás en un mejor conductor inmediatamente.

Vete más despacio. Como un experimento intenta conducir al límite de velocidad o más despacio. La mayoría de nosotros tendemos a ir más rápido que el límite de velocidad, conduciendo un poquito más rápido de lo permitido. Conduciendo un poquito por debajo del límite de velocidad puede quitar mucha tensión. Incluso cámbiate a un carril más lento si es necesario.

Fíjate en tus actitudes. A menudo nos volvemos competitivos mientras conducimos y esto genera tensión. Acostúmbrate a fijarte en coches que están intentando incorporarse a la carretera y ajusta tu velocidad de manera que los dejes entrar si hacerlo es seguro. Date cuenta si tienes prisa. ¿Cómo te hace sentir? ¿Cómo te hace sentir si aflojas la velocidad un poco?

Practica el ser más consciente del resto del tráfico a tu alrededor. A veces nos centramos mucho sólo en lo que vemos por delante pero es mucho más seguro desarrollar una visión y atención más amplia – hacernos conscientes de todo lo que nos rodea – en todas las direcciones, haciendo buen uso de nuestros espejos.

Cuando te pasen otros conductores, deséales el bien. Repite: “te deseo el bien, que seas feliz.“ incluso cuando se te crucen otros conductores.

Emplea cada semáforo en rojo o cualquier otra parada necesaria para practicar un mindfulness de tu cuerpo más pleno. Cuando hayas parado, ahora es más seguro dejar que tu atención se concentre más plenamente en tu respiración. En esos momentos también nota lo que hay a tu alrededor – el cielo, los árboles y otras personas. Deséales el bien a esas personas también.

Móviles y smartphones: los smartphones distraen mucho. Muchas personas encuentran difícil o casi imposible no responder a un mensaje, llamada o una notificación. Si no tienes un dispositivo manoslibres (o incluso si lo tienes) cuando te subas al coche, apaga tu móvil o al menos ponlo en silencio incluyendo el modo vibrador.

No merece morir o matar por una llamada o mensaje

¿Te has encontrado en alguna ocasión en la que vas tarde porque estás en un atasco de tráfico y te has irritado o te has vuelto ansioso? Conduces inconscientemente mientras tu mente está pensando en las excusas que tendrás que dar a alguien o imaginando lo que alguien te va a decir cuando llegues tarde. Notas cómo la tensión se acumula en tu cuerpo. Casi puedes notar el sabor del miedo en tu boca. Pero entonces, de repente, el tráfico se vuelve más fluido y acabas llegando a tu destino a tiempo. Casi te sientes estúpido por haber añadido esa negatividad innecesaria a tu vida.

Eso es porque sí que es estúpido. Pero no te preocupes ni te regañes a ti mismo cuando esto ocurre. Vale que has perdido una oportunidad para ocupar todo ese tiempo que has estado preocupado por llegar tarde, con atención mindful al momento presente. Pero las buenas noticias son que cuando te des cuenta de esto, cuando te rías de ti mismo por esa estupidez, entonces habrás vuelto otra vez al momento presente. Esa parte de ti que se ha dado cuenta de la estupidez es el “tú” verdadero. Cuando eso ocurre, cuando te ríes de tus propias tonterías, entonces surge la felicidad.

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