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El prisionero y la lluvia

El prisionero llevaba toda la noche sentado en su jaula, bajo la lluvia, condenado a morir por la mañana. Estaba esperando con cada fibra de su ser que sería indultado, que escucharían su recurso de apelación y que de alguna manera sería perdonado. Las horas pasaban pero no llegaba ninguna noticia. Se dio cuenta de que esto verdaderamente significaba el fin; pronto sería ejecutado. Primero se volvió preso de pánico, temblaba de miedo; su corazón dolía insoportablemente cuando pensaba en todo lo que perdía. Luego, cuando aceptó que no había nada más que hacer, experimentó una paz inmensa, una quietud profunda. Su mente se calló, su atención estaba plenamente en el momento presente. Sentía claramente el ritmo hipnótico de las gotas gordas calentitas de lluvia sobre su cabeza descubierta. Se volvió consciente de la belleza casi insoportable de las gotas de lluvia que decoraban sus brazos descubiertos, de la forma perfecta de cada gota de lluvia; le parecían como un sinfín de joyas hermosas preciosas y diminutas. Le cautivaban los salpicones alegres y caóticos de las gotas de lluvia en los charcos y cómo esto contrastaba con el plif-plif en las tejas del tejado. Experimentó un profundo sentido de conexión con todo, un sentido de unidad armoniosa, un sentido de espaciosidad inmensa.

Los soldados llegaron y ordenaron que se pusiera de pie. Había llegado el momento. Incluso mientras le hacían marchar hacia la horca, su corazón se llenó de un profundo sentido de agradecimiento por este regalo de la lluvia.

Alguien gritó; le habían perdonado y fue liberado inmediatamente.

Una semana más tarde y de vuelta en su vida previa, iba caminando hacia su oficina y una vez más las gotas de lluvia gordas y calentitas empezaron a caer. En seguida pensó: “¡Joder!” ¡Típico! ¡Maldita sea; siempre llueve cuando no tengo un paraguas… como si no tuviera problemas suficientes sin esta mierda también!”

Esta es la diferencia entre estar plenamente presente en tu vida y la modalidad piloto automático “mindless” en la cual normalmente vivimos en nuestras mentes. No experimentamos las cosas de verdad porque estamos tan seducidos por nuestros pensamientos, opiniones e ideas sobre esas cosas.

El hecho es que nosotros y todas las criaturas vivimos bajo una sentencia de muerte. Todo lo que nace morirá. Es sólo que no nos gusta verlo así. La paz, conexión y espaciosidad infinita están siempre aquí, para mí y para ti. Todos los llevamos dentro de nosotros. Es simplemente que tenemos que dejar de confundir nuestros pensamientos con quienes somos.

Tú eres el cielo azul infinito, espacioso, todo lo demás… son sencillamente cambios efímeros en el tiempo.

 

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