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El tejón enloquecido

El ego siempre quiere tener razón.  Esta característica de la mente racional, la necesidad compulsiva de siempre tener la razón, puede parecer como si una persona loca estuviese viviendo en tu mente, gritando locuras absurdas y dañinas, las cuales, si te las crees, fastidiarán tu vida.

El loco vive en un apartamento especial en tu cerebro. Te quita la paz, te hace sentir indefenso/a y enfadado/a una y otra vez. El aspecto más absurdo es que fuiste tú quien le alquiló el apartamento en primer lugar. Ocurrió cuando elegiste quejarte y el rencor por encima de perdonar; cuando insististe en tener razón y simplemente no fuiste capaz de pasar página.

Todos hemos experimentado el sufrimiento. Estar vivo significa padecer. Los únicos seres conscientes que no sufren son los seres muertos.

Si indagamos a lo largo de nuestra vida, no es difícil encontrar razones por las que sentirnos dolidos/as.

“Mi Madre no me quería cómo pienso que debería haberme querido.” “Mi ex no me trató tal como tenía que haberme tratado.” “Mi Padre nunca estuvo presente.” “Tenía que haber sido más agradecido/a.” “Tenían que haberme ascendido a mí, no a ella.” Estas observaciones muchas veces vienen acompañadas del pensamiento o sentimiento: “¡No es justo! Él/ella arruinó mi vida. Él/ella me ha jodido el día.”

Ejemplo: Sin ni siquiera haberse dado cuenta de ello, Jaime se había convertido en una persona muy aburrida. Cada vez que tenía la oportunidad, enumeraba sus quejas sobre su ex: lo mal que le había tratado, lo traicionado que se sentía, cómo le había arruinado la vida. Al escucharle tenías la impresión de que esto acabase de ocurrir hace poco o que estaba ocurriendo ahora mismo; cuando en realidad ¡Había ocurrido hace 10 años!

Otro ejemplo: María; su madre había sido una mujer dura y severa que tenía buenas intenciones pero fue incapaz de demostrar cariño. María había añorado toda su vida que algún día su madre se convirtiese en la madre afectuosa de sus sueños. Cumplió cincuenta años y su madre había fallecido cuatro años antes. Pero todavía se sentía enfadada y esto seguía envenenando muchos aspectos de su vida; solo pensarlo hizo que su cuerpo se tensara y se formara un nudo en el estómago. Seguía dolida cuarenta años después de lo ocurrido.

El perdón es un ejercicio que consiste en tener una percepción flexible y expandir tu consciencia.

¿Qué es lo que causa que nos sintamos dolidos? Simplemente: nos sentimos dolidos/as cuando ocurre algo que no quisimos que ocurriera o si algo no ocurre cuando queríamos que ocurriese. En otras palabras: cuando las personas, cosas o situaciones no cumplen con nuestras expectativas. En vez de aprender la lección ofrecida y pasar página, cometemos el error de tomárnoslo a pecho, culpar a la otra persona por cómo nos sentimos y creamos la narrativa en la que nosotros somos la víctima.

Una vez encontré un tejón, atrapado en una trampa. Obviamente tenía un dolor espantoso. Su instinto fue forcejear para liberarse, pero cada vez que tiraba, sentía más dolor. Quería ayudarle pero cada vez que me acercaba, intentaba morderme con sus enormes dientes afilados amarillentos. Tenía un aspecto enloquecido; daba mucho miedo. No tenía ninguna duda que si me acercaba más, perdería un dedo o una mano. Hubiera arrancado los dedos de cualquier persona en la misma posición. No fue nada personal en mi contra. Tardamos bastante pero con la ayuda de un vecino, conseguimos liberarle.

Todos somos como el tejón, en el sentido de que actuamos principalmente en “piloto automático” – tanto la persona que hace el daño como la persona dañada. Echar la culpa puede hacerte sentir mejor pero a la vez te hace daño, especialmente si echas la culpa a la otra persona por cómo te sientes. Cuando le das a otra persona la responsabilidad de cómo te hace sentir, te vuelves atascado/a ya que no hay nada que puedes hacer para cambiarlo (¡¿Cómo es posible si es la otra persona quien lo está haciendo?!) Te hace sentir impotente, enfadado/a y dolido/a.

La única persona responsable de cómo te sientes eres tú, y por tanto la única persona que puede cambiar cómo te sientes, eres tú. Pero para poder hacer esto, primero necesitas asumir la responsabilidad de cómo te sientes.

La persona loca que grita desde la ventana del apartamento en tu cerebro te ha causado un dolor espantoso una vez tras otra, gritando la misma historia una y otra vez. Es la historia de una víctima impotente, que años después del evento doloroso, sigue enfadada, y sigue sintiéndose ofendida.

No te tomes las cosas tan a pecho; muy probablemente haya sido su piloto automático de “tejón herido” lo que le hizo actuar así. Puede que la persona te haya dañado profundamente, pero echarle la culpa por cómo te sientes hoy no te sirve de nada, aparte de mantenerte atascado/a y volviéndote loco/a. Así que asume la responsabilidad de cómo te sientes. Si haces esto, abres la puerta hacia el cambio. Finalmente, echa al inquilino loco; alquila el apartamento a otra persona que te ve como un héroe. Cambia tu historia de víctima a héroe. Por ejemplo, en vez de pensar, “mira lo que me han hecho,” “me arruinaron la vida” ¿Por qué no pensar… “a pesar de lo mal que me trataron mis padres, mi ex, compañeros de trabajo, etc, … decidí hacerme  más “grande” que el problema? Aprendí la lección, pasé página y hasta hoy continúo viviendo una vida de éxito. La experiencia me hizo más fuerte y más sabio.

Tú te inventaste la primera historia. ¿Por qué no inventar otra mejor?

La mejor venganza es vivir bien tu vida.

 

 

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