Escalera

Evasión a través de la actividad

Estar atareado/activo es importante; es cómo marcamos una diferencia en el mundo.

Hoy en día, todos tendemos a estar muy ocupados, sobrecargados y puede que incluso estresados. De hecho, el estrés para muchos de nosotros se ha convertido en parte de nuestra auto-imagen. Si estamos ocupados y estresados, somos importantes – estamos consiguiendo algo.  Por lo contrario, si no estamos ocupados o estresados, tenemos la impresión de que no nos estemos esforzando lo suficientemente; nos sentimos menos importantes.

Así que tenemos que mantenernos ocupados y seguimos diciéndonos a nosotros mismos que estamos llegando a algún sitio. Subimos corriendo la escalera de la promoción personal muchas veces sin verdaderamente saber el porqué, ni lo que nos espera al final pero lo hacemos de todas formas.  Puede que sintamos que si nos relajamos, todo irá a pique. ¿Qué pasa si llegas arriba, al final de la escalera y descubres que estaba apoyada contra la pared errónea?

Como otras cosas la actividad puede actuar como un arma de doble filo. Cuando la actividad se vuelve un “hacer” compulsivo, se vuelve dañino… Lo llamo la escuela “lalalala” de la gestión del estrés porque es igual de efectivo que meter los dedos en tus oídos y decir en voz alta: ¡¡“lalalala”!!

Siempre y cuando estemos  afanosamente ocupados con nuestras tareas, importantes o no, evitamos las partes “demasiado difíciles” de la vida. Mantenemos una distancia segura y cómoda de los asuntos que necesitan nuestra atención; los que a veces nos cuesta examinar: ¿Hemos elegido la carrera correcta? ¿Estamos en la relación correcta? ¿Estamos lo suficientemente presentes con nuestros hijos? ¿Hay propósito en nuestra vida?

Cuando no estamos distraídos, empezamos a sentirnos incómodos; empieza a surgir un sentido de ansiedad creciente sobre lo que podría ocurrir si simplemente no hiciésemos nada y estuviésemos solamente con nosotros mismos.

Sin embargo, si hacemos una pausa y abrazamos estos aspectos, en vez de evitarlos, observándolos con ecuanimidad  simplemente, puede que nos sorprendamos gratamente. Aunque puede que al principio nos sintamos incómodos, descubrimos que a lo que tememos en realidad es el miedo en sí. Descubrimos que los sentimientos que llevamos tanto tiempo evitando, en realidad no son para tanto. Descubrimos una visión más nítida y lo que es más importante, descubrimos que podemos acabar de hacer lo que toca hacer sin la necesidad de estar compulsivamente  ocupados.

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