La Compasión

La compasión es la clave

Cuando practicamos mindfulness y/o la meditación con una actitud de compasión, es decir cariño hacia nosotros mismos, embarcamos en un viaje de descubrimiento para toda la vida que es gratificante e inmensamente satisfactorio. Si no adoptamos esta actitud, corremos el riesgo de emplear la meditación como una droga: colocarnos, escaparnos de nuestras vidas − una manera de sentirnos momentáneamente mejor.  Si esto es todo lo que buscamos, rápidamente nos cansaremos de practicar y buscaremos una excusa para dejar de hacerla.

La compasión no es sentir lástima por alguien. No trata de “sentir” por alguien; esto se llama empatía. La compasión es reconocer el sufrimiento de otra criatura y tener un deseo de hacer algo para aliviar aquel sufrimiento. Podríamos decir que la empatía trata de sentir algo, mientras que la compasión trata de hacer algo al respecto.

Para que tu compasión sea completa y efectiva, tiene que incluirte a ti. La mayoría de nosotros experimentamos resistencia a esta idea ya que va en contra de lo que nos enseñaron cuando éramos niños. Nos enseñaron que deberíamos siempre pensar en los demás antes que en nosotros; que hacerlo de otra manera sería egoísta.

Es un hecho que podrías buscar en todo el mundo y no encontrar a otro ser que merece tu amor y compasión más que tú. Piensa en esto… es la total verdad.

La experiencia me ha mostrado una y otra vez que la mejor manera de cuidar de otros es cuidarme a mí mismo también. Cuando cuido de mí mismo soy capaz de estar presente para otros con un sentido de ecuanimidad y soy capaz de escuchar, ver lo que hay, entender y responder de una manera más apropiada. Si no me cuido a mí mismo, vivo en modo piloto automático y mis percepciones, reacciones y acciones son inconscientes y automáticas.

Mostrar cariño hacia ti mismo no está en desacuerdo con el logro.  Tu motivación sale de un lugar de amor, aceptación y cariño en vez de desde un lugar que exige severidad, perfección y auto-crítica sin piedad.

Todos tenemos aspectos de nosotros mismos que no admiramos, aspectos que no nos gustan incluso. Puede que veamos tales aspectos como una debilidad o tal vez pensemos que hacen que seamos personas malas o antipáticas y que por tanto hay que suprimir, evitar o rechazarlos. Pero esta estrategia de aversión, rechazo y evitación es precisamente lo que nos mantiene atrapados en pensamientos y comportamientos repetitivos poco satisfactorio. Esta percepción sentenciosa de nosotros mismos, esta reacción “sácame-de-aquí” que genera, cierra la puerta al aprendizaje, al cambio a la sabiduría.

Si simplemente aprendemos a observar lo que está ocurriendo; es decir si simplemente observamos nuestras percepciones, sentimientos y emociones y cómo se manifiestan en nuestros cuerpos, incluso si nos hacen sentirnos incómodos, entonces acabamos entendiendo; abrimos la puerta hacia la elección de nuestra respuesta en vez de reaccionar inconscientemente en la modalidad de piloto automático, recreando situaciones que preferiríamos no tener.

No confundas “importante” y “serio”.  Solo porque algo es importante no significa que tienes que ser serio. Mostrar cariño (hacia ti mismo y hacia otros), junto con un sentido de humor, puede ayudarnos a ver las cosas con mayor claridad y actuar de manera más efectiva.

Nuestra actitud en la meditación y en la vida debería ser de curiosidad abierta, cariño hacia nosotros mismos y donde sea posible un sentido de humor, reconociendo la magnificencia y absurdez fundamentales de nuestra existencia.

 

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