Ilusión

La ilusión persistente

Lo mires por dónde lo mires, no importa desde qué punto de vista: físico, espiritual, social, organizativo, no sólo estamos conectados, sino también somos altamente  interdependientes. El punto de vista contrario es el del ego. El ego separa. Cuando vivimos desde el punto de vista del ego (tal como vivimos la mayoría de nosotros la mayor parte del tiempo), dividimos el universo en dos categorías. Yo (todo dentro de este saco de piel) y lo mío (todo lo que pertenece a lo que se encuentra dentro de este saco de piel). De ahí nace  la burbuja en la que la mayoría de nosotros vivimos la mayor parte del tiempo – la burbuja llamada “el-universo-centrado-en-mí”. Desde esta perspectiva todo está dividido en tres categorías dependiendo de cómo se relaciona con nosotros: “bueno”, “malo” e indiferente (algo esencialmente invisible para nosotros). Piensa en una persona de 22 años que está buscando pareja. Cada persona con quien se cruza cae en una de estas tres categorías:

  1. Que le atraiga y esté disponible, mayor de 21 años pero por debajo de 30 – “bueno”.
  2. Que no le atraiga y no esté disponible pero entre 21 y 30 – “malo”, algo que no quiero.
  3. Cualquier persona mayor o más joven de ese rango de edades se vuelve prácticamente invisible – ni bueno, ni malo – simplemente irrelevante, sin importancia.

Esto se puede aplicar al color de la piel, profesión, nacionalidad, especie – estamos llenos de los prejuicios nada examinados del ego.

La separación es una ilusión muy persistente. Si queremos ser libres de los tapaojos del ego aunque sea por un tiempo corto, tenemos que ser constantemente conscientes de ello. Nada ni nadie existe de forma independiente. La persona que crees que eres ahora mismo, dónde te encuentras, todas las circunstancias de tu vida, el hecho de que estés leyendo esto es el resultado de todas las circunstancias, condiciones e influencias de tu vida hasta este momento.

La mayor parte de la desigualdad, sufrimiento y problemas grandes que afrontamos como especie, surgen de esta percepción errónea fundamental. Lo que es peor es que esta percepción errónea junto con nuestra tecnología está creando una crisis existencial para nuestra especie.

Todo el sistema de crecimiento económico constante y el estatus que depende sólo de la riqueza, la veneración del dinero y la avaricia que ocasiona naturalmente, es totalmente insostenible. Es una manera profundamente ignorante de vivir.

No va a detenerse hasta que empecemos a vivir la realidad de la interdependencia, de la conexión.

Puedes empezar a ver el mundo a través de los ojos de la compasión: cada ser es como yo; simplemente quiere evitar el sufrimiento y experienciar la felicidad. La auto-compasión y la auto-aceptación forman una parte importante de esto ya que reducen la necesidad de la afirmación a través de posesiones materiales.

Puedes experimentar esa conexión directamente al desarrollar la práctica de la meditación.

Puedes aceptar la responsabilidad de que tú sí, marcas la diferencia. El mundo es diferente porque tú estás en él.

Puedes practicar el agradecimiento que te recuerda que todo lo que tienes es gracias a las muchas personas vistas y no vistas que han colaborado para proporcionarte el dispositivo en el que estás leyendo esto por ejemplo, la ropa que llevas puesta, la comida que comes, la casa en la que vives, el agua que bebes.

El cambio nos cuesta, nos olvidamos constantemente y volvemos a caer en las viejas costumbres. El cambio es incómodo pero lo incómodo significa que estás aprendiendo, abriendo la puerta hacia el cambio.

Nuestras vidas funcionan mejor cuando tenemos un propósito, un sentido que va más allá de la ignorancia del ego.

Sé el cambio.

 

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