Vida

LA IMPORTANCIA DE HACERTE RESPONSABLE DE TU VIDA

Muchas personas creen erróneamente que hacerse responsable de su vida significa asumir una carga adicional.  En realidad es lo contrario.  Es la maravillosa oportunidad de crear la vida que tú quieres tener.

Tomar control de tu vida reduce el estrés, mejora el bienestar y la calidad de nuestras relaciones personales.  También proporciona un profundo sentido de satisfacción y nos permite hacer frente al futuro con más optimismo.  Entonces, ¿Por qué no lo hacen más personas?  Por qué tantas personas prefieren pasar sus vidas quejándose de su trabajo, su pareja, su jefe, sus vecinos…  Cuando nos quejamos de nuestras vidas, no hacemos nada para mejorar o cambiar nuestras circunstancias, pero sí creamos dentro de nosotros ira, nos sentimos heridos; tenemos resentimiento e indignación “justificada”.

Lo hacemos todos.  Así que ¿Cuál es la solución?

Todo se puede explicar con la respuesta a la siguiente pregunta:

¿Qué es más importante para ti, tener razón o ser feliz?

Creo que la mayoría de las personas respondería a esta pregunta diciendo “ser feliz”, y sin embargo, las mismas personas actúan como lo contrario. Puede que parezca una pregunta rara.  Sin embargo, si no te haces responsable de tu vida estas dando prioridad a “tener razón” por encima de ser feliz.  Al echar la culpa a otra persona o cosa, haces que ella o aquella sean culpables, y sientes que eres tú quien tiene la razón.

Entonces ¿Por qué lo hacemos?  Puede que en el momento nos sintamos más cómodos si echamos la culpa a otros y nos quejamos.  Puede que eliminemos la amenaza percibida al ego cuando estamos equivocados.  Con muy poco esfuerzo puedes liberarte de toda responsabilidad. Puedes sentir una sensación momentánea de rectitud, una sensación de satisfacción asociada con un aumento de tu ego que ocurre cuando haces que otra persona u otra cosa sea culpable.  En este momento puede parecer que consigues un alivio, un escape de la aparente incomodidad de estar equivocado.  Sin embargo, a largo plazo esta actitud hacia la vida genera el estrés crónico asociado con no tener control de tu vida.  El estrés que se crea al ser víctima muchas veces conlleva a la amargura, ira y cinismo.

Una vez recibí una carta de una mujer especialmente enfadada escribiendo sobre su marido y ella misma: “La vida nos ha hecho amargados y cínicos.”  El hecho es que la vida no nos puede hacer esto.  Eliges cómo reaccionas frente a la vida.  La vida no te puede obligar a sentir cualquier cosa que tú no eliges sentir  porque si fuese así, entonces todos nos sentiríamos amargados y cínicos. Hacerte responsable de tu vida significa aceptar el hecho de que tu situación actual es el resultado de las decisiones que has tomado a lo largo de tu vida.  Hacerte  responsable  también significa cómo te sientes, es decir, tu respuesta emocional a la vida. La postura de víctima es una manera profundamente insatisfactoria de vivir y está vinculada a la necesidad que tiene la mente racional de tener razón.

Postura de víctima significa que puedes, con poco esfuerzo, siempre tener razón y nunca tener la culpa.  Por ejemplo, el comentario “la vida nos ha hecho amargados y cínicos” es una manera de decir:  “la vida no es justa, la vida es mala”.  ¿Cómo quieres que respondamos después de lo que la vida nos ha hecho?  No tenemos elección.  Tantas personas sacrifican la posibilidad de ser felices y tener bienestar para tener razón, para evitar la responsabilidad.  La pregunta siempre tiene que ser: “¿Qué es más importante para mí, tener razón o ser feliz (tener bienestar)?”  Es un ejemplo maravilloso del rabo que mueve al perro.

Cuando me siento amargado y cínico “con justificación”, siento un dominio completamente imaginario sobre la situación, pero no me hace feliz, me hace sentir enfadado, esto afecta a mi salud emocional y física y a la de las personas a mi alrededor;  me estresa, no es mi culpa, la vida me lo hizo.

Hasta que no te hagas responsable de tu vida no podrás cambiar, ni mejorar nada.  ¿Cómo esperas cambiar cualquier cosa en tu vida si tu posición es que no tienes control ni responsabilidad por las consecuencias? ¡Imposible!

Así que hagamos la pregunta de otra manera: Si no eres responsable de cómo te sientes, entonces ¿Quién lo es?  Si tú no eres responsable de tus acciones, ¿Quién lo es?  Prueba con el siguiente razonamiento: “Mis padres son los responsables de cómo me siento.”  “Mis padres son responsables de cómo actúo.” Observando explícitamente estos comentarios parecen exactamente lo que son, es decir, tonterías.  Sin embargo, muchos de nosotros vivimos nuestras vidas consciente o inconscientemente desde esta actitud.  Es una manera extremamente estresante de vivir.  El tiempo y la energía que podrías dedicar a proyectos verdaderamente importantes lo pierdes quejándote de tu jefe, tu trabajo, de cómo la vida es taaaaan injusta.  Es difícil emprender un nuevo proyecto si ya has tomado las medidas para sabotear cualquier proyecto que podrías empezar.  Así que ¿Para qué molestarte?

Aceptar el control y hacerte responsable es fundamental para el éxito de cualquier proyecto. ¿Cómo  hacerlo?

He encontrado muy útil la siguiente oración.

Dios* concédeme la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar,valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar y la sabiduría para entender la diferencia.

Para mi esto significa lo siguiente:

Dios concédeme la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar (es decir, otras personas, el pasado, la naturaleza etc.); valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar (a mi mismo y las cosas que controlo en el presente) y la sabiduría para entender la diferencia.

Si te haces responsable por ti mismo, entonces también tienes que permitir que otros se hagan responsables por sí mismos.  No podemos ser responsables de otros.  La mayoría de los padres con hijos adultos habrán experimentado la transición de ser totalmente responsables del bebé (completamente dependiente) a soltar al hijo independiente (adulto).  Podemos hablar con nuestros hijos adultos, podemos hacer lo mejor para guiarles pero al final de todo, son ellos los que tienen que elegir y vivir con las consecuencias de sus elecciones.  Pertenecen a un futuro que nosotros no podemos experimentar.  Si tomamos demasiada responsabilidad por nuestros hijos adultos, atrofiamos su crecimiento.  Cuando elegimos, actuamos y nos hacemos responsables por las consecuencias entonces somos capaces de crecer.  Es así para todas las personas, sean amigos, compañeros de trabajo o familia.  No podemos controlarles, ni deberíamos intentar hacerlo.  El amor es aceptar a una persona tal como es y darle espacio para que sea lo máximo que pueda ser ella misma, y no lo que nosotros pensamos que debería ser.

Otra trampa común es la responsabilidad parcial.  Por ejemplo, cualquier cosa “mala” que ocurre en mi vida es mi culpa, cualquier cosa “buena” que ocurre se debe a la buena suerte (o al revés).  Cuando te haces responsable es tanto para las cosas malas como para las cosas buenas que pasan en tu vida.  Un elemento clave es la actitud que adoptas hacia ti mismo.  Tomar responsabilidad no significa flagelarte cada vez que no cumples con las expectativas.  Hazte responsable por ti mismo con un suave sentido de humor y compasión.  Mantén una suave presión cariñosa en ti mismo de observar y elegir.

Obviamente hay eventos en nuestras vidas sobre los que tenemos poca o ninguna influencia.  Aunque no podemos ser responsables de estos eventos, sí somos responsables de cómo elegimos responder.  La vida es un viaje y todos los eventos de la vida son oportunidades para aprender y disfrutar.  Deja de clasificar a las cosas como “buenas” o “malas”.  Trata cada evento como una oportunidad para aprender.  Si elegimos emplear nuestra experiencia para crear sabiduría, entonces podemos aprender la lección y avanzamos.  Toda la experiencia crea confianza, refuerza el optimismo y mejora el bienestar.

Alternativamente, si en vez de crear sabiduría a partir de la experiencia  elegimos emplear las experiencias de la vida para echar la culpa a ajenos y reforzar nuestra postura de víctima, entonces nos quedamos “parados” y además nos sentimos resentidos, amargados, impotentes y enfadados.

Cómo hacerte responsable de tu vida

El aspecto más importante de hacerte responsable de tu vida es reconocer que tu vida es tu responsabilidad.  Nadie puede vivir tu vida por ti.  Tú tienes el control.  No importa cuánto intentas echar la culpa a otros por los eventos de tu vida, cada evento es el resultado de elecciones que hiciste** y que estás haciendo.  Escucha la vocecita en tu mente.  Obsérvate a ti mismo cuando hablas con compañeros de trabajo, miembros de la familia y amigos.  ¿Qué escuchas? : ¿Te haces responsable o echas la culpa a los demás?

Escucha la vocecita en tu mente.  Elimina la culpa, elimina las excusas.  Si  echar la culpa o buscar excusas se repite constantemente en tu mente, estás pasando a otros la responsabilidad por tus decisiones y sus consecuencias en tu vida.

Escúchate a ti mismo cuando hablas.  En tu conversación, ¿Te escuchas echándole  la culpa a otros de cosas cuando éstas no salen exactamente como tenías planificado?  ¿Te encuentras señalando con el dedo a tus compañeros de trabajo, a cómo te criaron, a la influencia de tus padres, a la cantidad de dinero que ganas, a tu pareja?  ¿Buscas excusas por objetivos incumplidos o tareas que no pudiste terminar a tiempo?  Si puedes escuchar tus patrones de echar la culpa, los puedes parar.

Si una persona de confianza te dice que estás buscando excusas cuando echas la culpa a otros, controla tu reacción defensiva y toma sus comentarios en serio, explora ejemplos y profundiza tu entendimiento con este compañero de trabajo o amigo.

En resumen:

Hacerte responsable incluye lo siguiente:

Reconocer que tú y sólo tú eres responsable de las elecciones en tu vida.

Aceptar que tú eres responsable de lo que eliges sentir o pensar.

Aceptar que tú eliges el rumbo de tu vida.

Aceptar que no puedes echar la culpa a otros por las elecciones que tú has hecho.

Deshacer las racionalizaciones del por qué otros son responsables de quién eres, de lo que te ha ocurrido y en qué te vas a convertir.

No hacerte responsable crea estrés al fomentar las siguientes actitudes:

Nos hace muy dependientes de otros por reconocimiento, aprobación, afirmación y aceptación.

Nos volvemos crónicamente hostiles, enfadados o deprimidos por lo injustamente que hemos sido o somos tratados.

Nos volvemos temerosos a correr riesgos o tomar decisiones.

Nos volvemos abrumados por temores que nos incapacitan.

¿Qué creen las personas que no se hacen responsables?

No es mi culpa ser como soy.

La vida es injusta.  No tiene sentido intentar tomar las riendas de mi vida.

¿Cuándo van a dejar de venir las penas y los problemas? Estoy cansado.

Que se pare el mundo. Quiero bajar.

La vida es tan deprimente.  Si hubiera tenido mejor suerte, hubiera nacido en una familia más sana, hubiera ido a un colegio mejor, hubiera conseguido mejor trabajo, etc.

¿Cómo me puedes decir que soy responsable de lo que me ocurra en el futuro?  Está el destino, la suerte, la política, la glotonería, la envidia, las personas malvadas y envidiosas y otras influencias negativas que van a tener mayor influencia en mi futuro que yo.

Cómo podré ser feliz viendo lo mal que me ha ido la vida

Mis padres han creado la persona que soy hoy.

Los problemas en mi familia influyen en quién soy y quién seré.  No hay nada que pueda hacer para cambiar esto.

Para hacerte responsable de tu vida, necesitas desarrollar la capacidad de:

Reorganizar tus prioridades y objetivos.

Buscar y aceptar ayuda.

Abrirte a nuevas ideas o conceptos en cuanto a la vida y a lo que significa ser humano.

Rechazar creencias irracionales y superar temores.

Reafirmarte positivamente.

Reconocer que tú eres el único determinante de las elecciones que haces.

Reconocer que tú eliges tus respuestas a las personas, acciones y eventos en tu vida.

Suelta la ira, elimina la culpa, la desconfianza y la inseguridad.

Corre riesgos y hazte vulnerable a cambios y crecimiento en tu vida.

Quítate las máscaras de comportamiento detrás de las cuales escondes tu baja autoestima.

Reconoce que tú eres la persona encargada del rumbo de tu vida.

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