LA SOLEDAD NO ES LA AUSENCIA DE COMPAÑÍA…

La soledad no es la ausencia de compañía; es sentir lástima por no tener compañía.

La oveja perdida se siente sola; el pastor no se siente solo.

soledadInternet es una máquina igualmente poderosa para la creación de la soledad en las personas al igual que la televisión lo ha sido para la creación del aburrimiento. Ver horas de televisión al día suele crear la aptitud para el aburrimiento. Cien mensajes al día (por whatsapp, Instagram, snapchat, twitter, Facebook, SMS) crean la aptitud para la soledad: es decir la incapacidad de estar (a gusto) contigo mismo. Por ejemplo, la idea de estar en un retiro durante un mes y no hablar con nadie para mí, sería un lujo. Sin embargo, he observado que para muchas personas, la idea de estar simplemente sentado y no hacer nada, libre de todas y cualquier distracción con sólo sí mismo como compañía por sólo media hora provoca un sentido de malestar – incluso pánico.

Naturalmente en la vida cotidiana algún nivel/grado de aburrimiento o soledad es de esperar, pero la tecnología amplifica esas tendencias. Cuando eras  adolescente, sí, podías llamar a tus compañeros del colegio, pero no les podías llamar 100 veces al día, (sin ser diagnosticado de padecer una enfermedad de obsesivo-compulsivo).   Posteriormente (en la universidad o en el mundo laboral) sí, podías juntarte con tus amigos, pero no podías juntarte con ellos siempre que querías por la sencilla razón de que no les podías encontrar siempre. Si el aburrimiento es la gran emoción de la generación TV, la soledad es la gran emoción de la generación Web. Con la televisión perdimos la capacidad de estar quietos; perdimos nuestra capacidad para la ociosidad o desocupación. Muchos de la generación Web ahora están perdiendo la capacidad de estar solos, contentos con sí mismos en su propia compañía.

Si perdemos nuestra capacidad para estar solo, ¿entonces qué más hemos perdido?  En primer lugar, la habilidad a la introspección  – esa observación y contemplación de sí mismo que está en el centro de todas las grandes tradiciones espirituales. También se ha perdido la habilidad relacionada – la lectura sostenida. El Internet ha devuelto la lectura al mundo televisual pero en una forma empobrecida; la lectura hoy en día tiene que ver menos con estar contigo mismo, tu imaginación, tu percepción, contemplación;   la lectura ahora significa saltar y leer por encima; cinco minutos pasados en la misma página web se considera una eternidad.

Pero parece que  ya no creemos tanto en la mente solitaria. El poder del silencio, de la quietud. Lo normal ahora es una mente siempre distraída y conectada a una red – en otras palabras “la mente social”. La psicología evolucionaria nos dice que nuestros cerebros se desarrollaron para interpretar señales sociales complejas. Los científicos  cognitivos nos dicen que “nuestra capacidad para tomar decisiones está poderosamente influida por el contexto social”.

La última y francamente absurda implicación que está ganando aceptación es que no exista espacio mental que no sea social.

Los de la “generación web” parece que comparten todo sobre sí mismos, a veces sin discriminación y sin pensar, pero irónicamente acaban  con menos conexión verdadera.  Sin la habilidad de estar solo y a gusto con uno mismo, sin el poder de la introspección y observación es difícil incluso imposible desarrollar un sentido de uno mismo, de sus propias profundidades.

Con tantas distracciones, tantas redes sociales comiendo nuestra atención es más importante que nunca que nos esforcemos a conectarnos con nosotros mismos practicando la quietud,  estar con nosotros mismos en el momento presente. Si no hacemos esto entonces no podemos verdaderamente conocer o aceptarnos a nosotros mismos tal como somos. Sin esto dificultamos seriamente nuestro desarrollo como personas y la experiencia de plenitud.  Busca y crea propósito en tu vida creando estos momentos de quietud, de calma y de silencio para la meditación, contemplación.

Cuando estamos físicamente con otras personas deberíamos practicar estar plenamente presente con ellos intencionadamente cara a cara – sin teléfonos o dispositivos electrónicos. Procura elegir conscientemente estar verdaderamente y plenamente presente no sólo contigo mismo sino también con tu pareja, tus hijos, con tu amigo; obsérvales de verdad, escúchales de verdad y fíjate en la poderosa diferencia.

Inspirado por un artículo en the Journal of Higher Education

Autor: Geoffrey Molloy

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