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La visión en retrospectiva 20/20 – las ventajas

Si te has tomado el tiempo alguna vez de observar tu mente racional en funcionamiento, te habrás fijado que tiene dos aspectos compulsivos: “máquina del tiempo” y  “piloto automático”.

Es probable que hayas experimentado cómo estos dos comportamientos funcionan juntos. Puede ocurrir cuando algún evento en el presente desencadena el recuerdo de algún “error” del pasado, algún comportamiento desagradable o algún evento horrible. Surge un recuerdo intensamente incómodo. Puede que te haga sentir tan incómodo que te haga encogerte de horror. Acto seguido, el piloto automático mental se interpone con crítica sin sentido sobre “lo que tenías que haber hecho”, “podrías haber hecho”, sobre todo, lo que “deberías de haber hecho”: “Tenía que haber hecho esto diferente”; “no estaría aquí si tan solo hubiera hecho eso de diferente manera”; “¡Ojala hubiera dicho eso!” “Si tan sólo no hubiera sido tan jilipollas”; “¡¿Por qué malgasté tantos años de mi vida en esa relación?!” “¡¿Cómo podía haber permitido que eso ocurriese?!” “¡¿Por qué me hizo eso a mí?!”

¿Existe otra actividad con menos sentido? No lo creo. ¿Nos vuelve mas felices? ¡No! ¿Resuelve algún problema en el momento presente? No. ¡No tiene sentido! Ese es justo el punto que quiero hacer. No es más que un bucle mental: la mente racional atascada en piloto automático, repitiendo las mismas frases, lo que te hace sentir mal vez tras vez. Nos quedamos atascados.

En los EEUU la visión perfecta se clasifica como visión 20/20.

Recuerda que has ganado en conocimientos y en experiencia durante los años que han pasado desde que ese recuerdo original fue creado. Tienes una mejor idea en cuanto a lo que funciona y lo que no funciona. Esto significa que ahora disfrutas de visión en retrospectiva 20/20 – una visión perfecta de la situación. Te olvidas de que la memoria humana es inmensamente falible. No es una “grabación”. Cada vez que visitamos ese recuerdo, lo modificamos, fortaleciéndolo, distorsionando y cambiando el recuerdo. Lo que experimentamos cuando visitamos un recuerdo en realidad es la última modificación de ese recuerdo.

Lo que es más importante, olvidamos de que hacíamos lo mejor posible en aquel momento, con la percepción, conocimientos, información y experiencia disponible para nosotros en aquel momento.

Soy una persona diferente a quien fui hace, digamos, treinta años. Información, eventos y experiencia han cambiado mi percepción, mis valores y mi comportamiento. Algunos aspectos de mi personalidad se han vuelto más fuertes; otros se han debilitado. Hago las cosas de manera diferente a cómo me comportaba en aquel entonces. Pero esto no es nada sorprendente ya que el “yo” de hace treinta años o incluso hace tan sólo tres años simplemente no es el “yo” de hoy.

No me regañaría a mí mismo más por mi comportamiento de hace veinte años que regañaría a mi nieto de seis años por necesitar pañales cuando tenía un año. Esto sería estúpido. Hacía lo mejor que podía dentro de las habilidades de un niño de un año.

Entonces, ¿Qué podemos hacer?

Lo primero es adoptar la actitud correcta: curiosidad abierta sin juzgar; amabilidad hacia ti mismo con un sentido de humor.

  1. Cuando te pillas en el bucle de remordimientos por el pasado, ánclate en el momento presente. Fija tu atención en tus sentidos aquí y ahora: siente la presión del suelo en tus pies, la presión de la silla en el culo. Luego lleva tu atención a tu respiración.
  2. Pregúntate, “¿Qué diría a un buen amigo en la misma situación? Ahora practica decirte esto a ti mismo.
  3. Observa y anota los comentarios negativos que te repites a ti mismo – normalmente son frases severas repetitivas dirigidas hacia ti. Empezarás a darte cuenta de que probablemente haya quince o treinta frases que se repiten que no tienen nada que ver con la realidad ni a lo que está ocurriendo. Los comentarios no son más que ruido.
  4. Identifica cualquier sensación incómoda en tu cuerpo asociada con estos pensamientos y/o situaciones. Luego simplemente quédate con ellos; permíteles espacio para que existan. Sé conscientes de ellos y luego inhala dentro de ellos.
  5. Convierte la experiencia en sabiduría. Encuentra la lección, intégralo y luego suéltalo. La sabiduría significa ser capaz de soltarlo.
  6. Sé paciente contigo mismo. Sigue repitiendo estos pasos hasta que tu respuesta se vuelva habitual. Sobre todo, sé amable contigo mismo.

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