6 Agosto

Las Crisis – camino hacía la verdad

La mayoría de nosotros nos encontraremos en algún tipo de crisis en algún momento de nuestras vidas. Esto ocurre muchas veces cuando eventos importantes o situaciones difíciles ponen a prueba nuestra percepción y resiliencia.

Cuando me refiero a “crisis”, quiero decir una crisis personal, por ejemplo, cuando nos sentimos abrumados por nuestras emociones. Los síntomas pueden incluir dificultad en conciliar el sueño, ansiedad crónica, ataques de pánico, la depresión o, en algunos casos, un colapso nervioso. Puede que también involucre el uso o abuso de sustancias químicas tales como el alcohol, la cocaína u otras drogas.

Cuando esto ocurre nos encontramos en una crisis tal vez de naturaleza existencial. Puede que nos preguntemos cuál es el fin de las cosas; puede que incluso intentemos encontrar sentido más allá de trabajar, pasarlo bien o formar una familia.

Por muy incómod@s que nos podemos sentir durante tales tiempos, por mucho que sentimos querer que se termine de una vez, éstos son momentos claves en nuestras vidas que nos proporcionan una maravillosa oportunidad.

Aunque pueda parecer que la crisis haya aparecido de repente, la realidad es que ha llevado años o meses madurándose; es sólo que no nos dimos cuenta de ello.

Un factor importante en estas situaciones es la tendencia muy humana de responder haciendo la misma cosa, pero esperar un resultado diferente. La mayoría de las personas, cuando su estrategia normal no funciona, simplemente intentarán hacer más de lo mismo. Absurdo pero verdad.

Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias estrategias para hacer frente a la vida y su miríada de problemas. La base de muchas de estas estrategias muy probablemente la desarrollásemos en la niñez. Confiamos en nuestra estrategia; ha funcionado bien en el pasado pero cuando no funciona ahora, probamos la misma estrategia pero con el doble de esfuerzo. Repetimos lo mismo; volvamos – tal vez – a echar la culpa a las personas a nuestro alrededor: “ojala esa persona o esas personas cambien, entonces las cosas mejorarían.” Nos encontramos atrapados en un bucle de pensar, analizar, regañar a nosotros mismos por ser tan estúpid@s, sentirnos mal, pensar aún más, sentirnos aún peor, etc.

Estas crisis ocurren cuando no escuchamos a nuestros cuerpos o porque no sabemos cómo prestar atención debidamente. Puede que incluso sintamos que no sabemos quiénes somos verdaderamente. Nos identificamos exclusivamente con nuestra mente racional – en otras palabras, con nuestros pensamientos.

Nos encontramos tan perdidos en nuestros pensamientos, intentando sólo escaparnos de nuestro sufrimiento que perdemos la visión global – la parte verdaderamente buena: en realidad nos encontramos en un momento maravilloso, un momento cargado de posibilidades – una oportunidad para el cambio, el crecimiento, algo diferente. Piensa en tu propia vida pasada; ¿Cuándo aprendiste más – cuando estabas cómod@ y feliz o cuando tenías dolor o sufrías?

El primer paso para aprovechar este momento es dejar de luchar, soltar lo que no funciona y, en vez de esto, aprender a cómo prestar nuestra atención en nuestras vidas en vez de en los pensamientos sobre nuestras vidas. También necesitamos la actitud correcta, la del “hortelano”. Aceptamos que no podemos crear directamente muchas de las cosas importantes que queremos en nuestras vidas, por ejemplo la felicidad; sólo podemos crear las condiciones que favorecen su manifestación.

Otras herramientas en nuestra “bolsa de hortelano” ayudan a crear la percepción correcta, cómo cuidar de nosotros mismos (de nuestros verdaderos nosotros mismos) y cómo soltar y perdonar.

Sentirnos insegur@s e incluso perdidos forman parte de tu camino. No huyas, ni intentes evitarlo. Simplemente presta atención con curiosidad abierta y bondad, siendo amable contigo mismo. Fíjate en lo que tu cuerpo, en lo que tus emociones están diciéndote. Abraza la oportunidad y utilízala. Saldrás de esto, incluso si no te parezca posible en ese momento.

Abraza el vacío y ten el valor de existir.

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