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Lo bien que lo pasé con el alcohol

Geoffrey Molloy comparte la experiencia que ha tenido con el alcohol…

Hace muchos años (a principios de los 80) me fui de vacaciones con un amigo. Fuimos acompañados por nuestras respectivas novias, (yo con la que salía en aquel momento) – diez días bajo el sol en una isla griega.

Nuestros días consistían en levantarnos tarde sobre medio día, nadar y ducharnos (principalmente para quitar la resaca que teníamos encima). Luego bebíamos cerveza y comíamos. Esto marcaba el comienzo del consumo de alcohol para ese día. Por la noche – todo muy borroso– de bares y discotecas… Se podría describir nuestras vacaciones como un homenaje al alcohol.

Profesionalmente tenía éxito, un trabajo con mucha presión y bebiendo alcohol prácticamente todos los días. Racionalizaba mi comportamiento con el lema “work hard – play hard” (trabajo duro – juego duro). Me consideraba una especie de hombre salvaje, un hombre que sabía cómo pasarlo bien.

“¿Por qué tienes que beber tanto?” me preguntaba repetidamente mi novia. Mi respuesta: “porque estoy de vacaciones”. Me parecía una explicación obvia y completamente racional. “¿No es esto lo que hacen todos?” De lo que no me daba cuenta era que mi posición por defecto era beber alcohol. Bebía alcohol a no ser que tuviese una buena razón para no hacerlo.

Tengo que decir que me lo pasaba verdaderamente bomba; al menos creo que fue así ya que la mayoría de aquellos recuerdos son algo borrosos y poco definidos. Puedo acordarme de bailar encima de una barra, de cómo mi novia me gritaba para que dejase de comportarme como un jilipollas; risas, comportamiento exagerado, ruidoso, sobrexcitado, decidido a demostrar a todos que yo era la estrella de la fiesta. No era feliz pero lo estaba pasando bien. El problema era que no entendía la diferencia entre las dos cosas. No fue hasta años después que me di cuenta de que pasarlo bien y ser feliz son dos cosas bastante diferentes.

Mirando hacia atrás, parece absurdo e incluso de locos, gastar tanto dinero para volar a un sitio lejano y exótico para emborracharme. Me hubiera costado bastante menos quedarme en casa, pero de vacaciones podía consumir todo el alcohol que quería sin sentirme demasiado culpable o estúpido.

Intuitivamente sabía que algo no estaba bien. Sospechaba que mi relación con el alcohol no era nada sana. De hecho, igual que la mayoría de los que consumen alcohol habitualmente, estaba enganchado al alcohol, pero durante años conseguí engañarme a mí mismo, estableciendo reglas para demostrar que lo tenía controlado. Por ejemplo, no beber solo; no beber alcohol antes de las 12 del medio día; nunca beber algo más fuerte que cerveza entre semana. Tarde o temprano rompía estos controles auto-impuestos pero en vez de dejar de beber, lo racionalizaba – estaba estresado, tocaba celebrar algo, etc, y simplemente renegociaba mi “pacto”. No tenía control sobre mi consumo; estaba constantemente intentando volver a coger las riendas.

No entraré en detalle en cuanto a las otras drogas que consumía mientras estaba borracho. ¡Esto es otra historia!

La idea de dejar de beber me llenaba de miedo. ¿Cómo podría pasarlo bien sin alcohol? ¿Cómo podría relajarme? No tendría vida social. La idea de no dejarlo también me daba miedo: arruinaría mi matrimonio, mi familia, mi salud. De lo que no me daba cuenta en esos momentos era que todos mis temores estaban causados por el alcohol.

Aquí estoy ahora –  llevo casi veinte años libre e independiente del alcohol; libre de la esclavitud y del miedo causados por el alcohol. No me hace falta. No lo quiero y no lo echo de menos. Puedo beber todo el alcohol que quiero, cuándo quiero y dónde quiero. Es simplemente que no quiero hacerlo. Mi matrimonio es mejor de lo que hubiera esperado. Mi salud y felicidad también. Llevo muchos años reflexionando en esto mientras trabajo ayudando a otras personas a que se liberen y se independicen de la esclavitud de la adicción al alcohol. Te puedo asegurar que no existe ni una sola cosa en mi vida que sería mejor si lo hiciese bebiendo alcohol – ni una sola cosa.

Si quieres comentar tu situación particular, estamos a tu disposición. La primera conversación sería sin compromiso.

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