Critica, Culpa Y Queja

Los hermanos Crítica y Culpa y su primo el Quejón

Uno de los mayores defectos que he tenido y sigo teniendo (aunque es mucho más suave hoy en día) es criticar: crítica sin piedad de mí mismo y de otros.

Mis padres fueron duros críticos; no me dieron una sola palabra de enhorabuena. Cuando estuve en el colegio fui el segundo de mi año; su pregunta al contárselo fue, “¿Por qué no fuiste el primero?” Cuando les expuse mi interés y curiosidad sobre tantas cosas, a su parecer no fui capaz de ser constante en una cosa. Cuando empecé a cuidar mi aspecto, era porque era demasiado vanidoso. La crítica, la humillación y la culpa fueron el “pan” diario de mi vida. No había manera de ganar; daba igual lo que haría, todo les parecía mal.  Bajo este continuo torrente de crítica y humillación, me volví muy crítico de mí mismo y de otros.

La Crítica y la Culpa son los hermanos feos; tienen un primo que es el “Quejón”.

Tanto la crítica como la culpa son “alimento para el ego”; se trata de proporcionarte un sentido falso de rectitud moral al creerte superior a otros. Es una manera de evitar salir de tu zona de confort; es la salida de los perezosos. La crítica de sí mismo y de otros puede convertirse en un hábito que puede resultar en un sentido profundo de infelicidad.

En vez de hacer algo para mejorarme a mí mismo, en vez de explorar lo que yo podría hacer mejor, consigo una especie de “quick fix” (arreglo rápido) si critico a otro.

Pasamos tanto tiempo juzgando si somos mejores o peores que otros. ¿Qué importa si alguien se viste diferentemente a ti? ¿Qué importa si alguien tiene una opinión diferente a la tuya? ¿Qué importa si alguien es mejor o peor, más feliz, más rico/pobre, más atractivo/feo que tú?

La crítica no es necesariamente algo que hacemos en voz alta; puede consistir en una cadena de pensamientos que se desencadenan cuando sentimos que nos han sido injustos con nosotros o si hemos sido dañados, insultados; o cuando estamos enfadados o nos sentimos inferiores. En estos momentos nuestras mentes lanzan una serie de críticas sobre otra persona hasta que nos sintamos satisfechos de que hayamos llegado a una posición superior, de manera que durante unos instantes, nuestro ego se siente satisfecho. Pero esencialmente nada ha cambiado. De hecho, más bien al contrario, estamos aún más atascados ya que hemos perdido otra oportunidad más para observarnos a nosotros mismos y aprender a salir fuera de nuestro piloto automático. No nos hemos vuelto más felices; sólo nos hemos convencido de que tenemos razón. Tener razón no te lleva a que consigas  paz en tu corazón, ni a que tengas mayor sentido de bienestar.

Lo que es más importante: recuerda que la crítica, la culpa y la queja normalmente son una pérdida de tiempo que te mantiene atascado donde estás.

Siguen unas sugerencias para que empieces a liberarte de esto:

  1. Sé más “mindful” en tus interacciones: Hasta el punto que puedas, intenta ser mindful – prestar atención a lo que dices. Pregúntate si a veces mantener la boca cerrada es más efectivo.
  2. La acción no la persona: Si tienes que ser crítico, por ejemplo como parte de tu trabajo, critica la acción no a la persona. Cuando sea posible guía a la persona en vez de criticarle.
  3. Sé realista en tus expectativas: Recuerda que nadie está obligado a conformarse con tus expectativas.
  4. No tomes las cosas como algo personal: Recuerda que cada persona con la que te encuentras quiere ser feliz y evitar el sufrimiento. ¡Igual que tú! Todos nos olvidamos de esto a veces. Cuando hacemos esto podemos ver la inseguridad detrás de la arrogancia; el miedo detrás de la ira; el sentido de vacío detrás de la depresión. Esto no significa que deberíamos consentir acciones desagradables, pero tampoco tenemos que verlas como una flecha en el corazón.
  5. Una percepción flexible: Intenta ver los otros lados más positivos de la situación. Juega con tu percepción. Recuerda que tu punto de vista es sólo esto: “un punto de vista”. Elige un punto de vista más útil, mejor.

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