LOS “PELIGROS” DE SER “BUENA PERSONA”

los peligros de ser buena persona¿Cómo diablos puede ser peligroso ser buena persona? Lo que a primera vista puede parecer una idea plenamente buena, puede crear un sentido de ansiedad e incluso llevarnos a la depresión, si no nos aseguramos también de aprender a cuidarnos de nosotros mismos.

El deseo de “ser bueno” puede originarse en la compulsión; es decir cuando intentamos constantemente satisfacer aquella voz juzgona autoritaria que nos dice lo que “debería hacer”, o lo que “tendría que hacer”. Sentimos que si no satisfacemos estas demandas, de alguna manera dejamos de ser “buena persona”.  Puede que sigamos haciendo lo que creemos que necesitamos hacer para que nos quieran las personas que nos rodean: ser “buen chico” o “buena chica”. Nos han dicho tantas veces que “es egoísta no compartir”, que es “egoísta ponernos en primer lugar”. Si nuestra motivación es la compulsión, entonces independientemente de lo que hacemos, nunca será suficiente. Nuestro deseo de “ser buenos” está conducido por una serie de demandas irrealistas, no razonables e insaciables que nunca podemos esperar satisfacer ya que no están basadas en la realidad. No tienen en cuenta quiénes somos; no hay compasión, ni entendimiento o aceptación de nosotros mismos en estas demandas estridentes; no hay ternura hacia nosotros. De hecho, endurecemos nuestros corazones hacia nosotros de una manera que nunca haríamos con ningún amigo. Si no nos centramos y no cuidamos de nuestro “centro” estamos condenados a un sentido de insatisfacción y de infelicidad subyacente.

Claro, ser buenos y centrándonos constantemente en las vidas y problemas de otros también proporciona una manera de distraernos de nosotros mismo, de nuestro propio dolor y sufrimiento.

Sin embargo, la compulsión en la forma de “hacer” habitual e inconsciente no es la única fuente de motivación disponible para nosotros. Tampoco es la mejor. Podemos experimentar el mundo y responder a ello desde un espacio diferente… desde el modo de estar en el presente. Cuando nos enfocamos en el momento presente, podemos responder de manera más genuina a lo que se encuentra delante de nosotros en vez de intentar satisfacer las demandas de esa voz juzgona incesante.

Lo primero que tenemos que hacer si queremos ayudar o cuidar de otros es cuidarnos de nosotros mismos. Puede que pienses, “¡Uf! – esto es demasiado egoísta”.

Piensa en ello de la siguiente manera:

Imagina que proporcionas un servicio de taxis.  Es un servicio muy bueno que ofrece el viaje entre x y x con regularidad. Te preocupas verdaderamente de tus clientes y quieres ofrecerles el mejor servicio posible.  Sabes que todos tienen dificultades y que el servicio que proporcionas es muy importante para ellos. El problema es que te vuelves tan obsesionado con los problemas de tus pasajeros, con la sensación que tienes que arreglarles sus problemas, llevándoles constantemente de un lugar a otro que te olvidas que para proporcionar el servicio, también necesitas hacer tiempo para cuidar y revisar el coche… hasta que finalmente el coche sufre un fallo mecánico catastrófico y ahora no puedes proporcionar el apoyo que las personas a tu alrededor necesitan y ni siquiera puedes apoyarte a ti mismo ya que tu taxi, tu fuente de ingresos y satisfacción en tu vida, ya no funciona. Te sientes un fracasado.

Así que ¿Cuál es la moral aquí? Si quieres estar ahí para otros, primero, tienes que aprender a estar ahí para ti mismo. Esto significa cuidar de tu bienestar y “conocerte a ti mismo”.

Posponemos constantemente paz en el momento para la paz en algún momento en el futuro. “Encontraré paz una vez haya terminado, hecho, obtenido, etc… pero siempre hay otra cosa que hacer, pagar o lograr. Lo primero que tenemos que entender es que el único momento que tenemos para cambiar algo, el único momento que tenemos es ahora mismo.

Si, durante un momento, decidimos despertarnos y apartarnos de todas las distracciones chabacanas y muchas veces vacías de la vida y tomamos el tiempo para conocernos a nosotros mismos, y si hacemos esto con un sentido de curiosidad abierta, con autocompasión y humor (un sentido de humor es imprescindible si vamos a aprender a dejar de tomarnos a nosotros mismos tan seriamente); si observamos y prestamos atención entonces llegamos a entender lo que necesitamos hacer cada día para mantener y disfrutar de un sentido decente de bienestar. Para mí y sugiero para la mayoría de las personas, esto consiste en tres partes: físico: ejercicio (natación para mí, una hora al día); Mental/emocional/espiritual: meditación al menos 30 minutos de práctica formal y luego en momentos durante el día practicar mindfulness. Alimentación: una dieta con un bajo contenido de proteína animal y elevado contenido de hidratos de carbono complejos y verduras. ¿Cómo he llegado a esta conclusión? Tomar el tiempo de conocer mejor a mí mismo, escuchar mi cuerpo, observarme a mí mismo, fijándome con curiosidad abierta, cariño hacia mí mismo y siempre con un sentido de humor. Sólo se pueden conseguir estas cosas estando en el presente.

Intento pero no hago estas cosas cada día; por mis viajes o interrupciones hay días cuando no puedo, o me olvido y tengo que apañarme lo mejor posible. Sin embargo, en estos días no me regaño a mí mismo; lo vuelvo a hacer nada más pueda o me acuerde.

No somos lo que hacemos hoy; somos lo que hacemos todos los días.

Estos “rituales” diarios significan que creamos un espacio tranquilo. En vez de permitir que el “hacer” compulsivo e inconsciente nos conduzca, creamos un espacio de “estar” (lo que, por cierto, se encuentra dentro de nosotros siempre, si tan sólo podríamos quitarnos a nosotros mismos de nuestro camino), desde donde podemos interactuar con el mundo plenamente y con un sentido de espaciosidad mental. Esto no expulsa de nuestras vidas los altibajos pero sí, hace que sean menos marcados.

Los altibajos de la vida son algo como olas que rompen en la playa. A veces son grandes y pueden parecer peligrosas. No las podemos parar. Si intentásemos hacerlo, muy probablemente acabaríamos hechos añicos. Sin embargo, sí podemos aprender a surfear. Los altibajos de la vida son constantes, como las olas en una playa. La meditación es aprender a surfear con toda la emoción, con las emociones y los derrames con todo las experiencias agri-dulces que esto implica.

Así que, cuida de ti mismo primero sin sentirte culpable. Dedica tu meditación al beneficio de todos. Conócete a tí mismo. De la aceptación y amor por nosotros mismos, sale verdadero amor y aceptación de otros. De la compasión y bondad hacia nosotros mismos podemos desarrollar auténtica bondad y compasión hacia otros.

“Si quieres arreglar el Mundo, arregla tu país. Si quieres arreglar tu país arregla tu hogar. Si quieres arreglar tu hogar, arréglate tú. Para arreglarte a ti primero arregla tu corazón”Confucius.

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