GEOFFREY CABALLOS CHICO TRITON

MAGIA INESPERADA

Un ruido dudoso, me saca rápidamente del sueño y me despierta, ahora estoy completamente alerta. Escucho a Rhea respirando suavemente a mi lado… ella no ha escuchado nada. Me quedé muy quieto sintonizado mis sentidos, listo para entrar en acción. Miro el reloj, son las 02:20. Ahí está el ruido otra vez, pero ahora ya no hay manera  de confundir el ruido, es el suave sonido de los cascos. Caballos caminando bajo la ventana del dormitorio. ¡Mierda! ¡El maldito caballo se ha escapado de nuevo!

Irritado, busco a tientas en la oscuridad mi bata, tan silenciosamente como puedo. Abro la puerta de la habitación y bajo las escaleras. Haku, mi perro lobero, me está esperando en la parte inferior de las escaleras. Está emocionado de saber que algo está pasando, él quiere ayudarme, está ansioso por salir fuera. Abro la puerta y sale disparado como una bala del cañón de un rifle con un profundo gruñido amenazador en su garganta. Salgo por la puerta listo para echarle una bronca a los caballos. Luego ahí están; Chico y Tritón. Dos grandes caballos blancos españoles. Bañados por la luz de la luna; parecen ligeramente luminosos, mágicos. Me miran con calma, completamente en paz. El único ruido de su respiración suave, hace que en ese momento desaparezca toda mi irritación. La belleza de la visión que tengo ante mí me deja sin aliento, ya que estoy atrapado por completo en el momento atravesado por una profunda sensación de tranquilidad, perfección y una conexión de corazón con mis caballos. Hemos estado juntos durante años y existe una confianza implícita, una familiaridad cómoda. Doy un par de pasos hacia ellos y simultáneamente vienen a mí. Chico me acaricia el pecho, luego mi cuello suspira exhalando a través de sus fosas nasales. Siento y huelo en mi cara su aliento cálido y dulce que huele a hierba. Él está pidiendo cariño. Le acaricio el cuello sintiendo el contraste de los sedosos y fríos vellos en su cuello y la cálida musculatura por debajo. Tritón se une a nosotros, también lo acaricio. Estamos parados juntos; no tengo idea de cuánto tiempo, iluminados por la luz de la luna y una suave brisa cálida que nos acaricia a todos, en una comunión perfecta. Mi corazón está lleno. Me siento inmensamente pleno.

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