Mi Esquinita

Mi esquinita

Ishtar Molloy comparte algunas palabras:

Bienvenidos a un pequeño vistazo de por qué el caos es tan bonito para mí.

Creo que me pierdo cuando me intento encontrar y encajar en este mundo. Tengo una maravillosa esquinita en él, pero muchas veces es fácil dar un paso fuera y caer rodando en la sociedad, con todas esas metas vacías y expectativas de éxito, convirtiéndose en todo un reto encontrar mi camino de vuelta.

La buena noticia para mí es que siempre llevo algunos sentimientos y emociones en el bolsillo que brillan y me ayudan a volver. Mi esquinita está hecha de realidades; está hecha de muchas risas, felicidad y sonrisas. Está llena de burbujas chispeantes llenas de entusiasmo y de esos abrazos inolvidables. (No me refiero a esos abrazos vacíos e insípidos, sino a los que intercambian un poquito de ti con un poquito de la otra persona.) Está iluminada con miradas libremente regaladas, ésas que intercambias con un amigo cuando tenéis una travesura en mente. También hay algunas miradas de extraños, donadas a cambio de una sonrisa o un pequeño acto de amabilidad. (Esas dos son gratis por cierto, para dar y para guardar y lo mejor es que tenemos reservas ilimitadas, así que sed generosos.)

Las miradas que más brillan son como la que me da mi madre cuando canto para ella, la de mi hermano cuando le hago una visita sorpresa; la mirada que me regala mi pareja al llegar a casa, haciéndome sentir como si algo dulce cayese lentamente por mis adentros, parecido al primer trago calentito de café en una mañana de invierno.

En mi esquinita hay tantas luces de tantos colores: el recuerdo lejano que me trae un olor que me despierta una gran emoción; la repentina sensación de ahogo cuando recuerdo a alguien que se ha marchado para siempre y las lágrimas que me deslumbran con viejas aventuras; ese amor incondicional que nos dan nuestros amigos peludos de cuatro patas. Hay tantas y son tan preciosas, pero sólo las puedo ver cuando soy lo suficientemente valiente para estar con todas a la vez, porque no puedo elegir qué emoción o qué recuerdo quiero. Es aterrador pero también es hermoso, poderoso y merece la pena. Y una vez he aceptado todo el conjunto, se convierte en una paz absoluta. Si intento elegir, se rebelan en mi contra, así que cuando soy valiente, lloro un poquito, luego sonrío y me acurruco de vuelta en mi esquinita.

 

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