Pareja3

Nada es permanente… ni siquiera tus relaciones

Nada dura para siempre. Nada es permanente y todo cambia. Esto incluye a las personas que queremos y nuestras relaciones con ellas.

La vida es una serie de problemas o lecciones. Si resolvemos un problema adecuadamente, si aprendemos la lección, pasamos página. El universo luego nos envía un nuevo problema – una nueva lección. Si no resolvemos un problema o si no aprendemos la lección adecuadamente, nos estancamos y/o tenemos que repetir.

Las relaciones siguen estas mismas reglas. Las personas aparecen en nuestras vidas de la misma manera. Nos encontramos con alguien porque nos toca aprender una lección. Cuando hemos aprendido la lección podemos avanzar.

A veces es obvio que toca pasar página; puede que sientas que la relación se te ha quedado pequeña o puede que simplemente ya no puedes tolerar/soportar el comportamiento de la otra persona. Si, por la razón que sea, no queremos aceptar la lección (normalmente por miedo), puede que nos quedemos atrapados en una relación poca satisfactoria, infeliz o tóxica. Peor aún, puede que nos encontremos pasando por una serie de tales relaciones.

Seguir agarrándonos a una relación “caducada” crea sufrimiento e infelicidad para todos los involucrados.

Una de las cosas más difíciles es decidir cuándo dejar una relación, soltarla y pasar página.

Una relación debería proporcionar una fuente de apoyo, amor y afirmación; incluso cuando hay desacuerdo (algo inevitable) deberías saber que por encima de todo los dos estáis en el mismo equipo.

Si tu relación es una fuente de estrés y ansiedad, si te hace sentir mal contigo mismo, si la relación mina tu auto-respeto y auto-confianza entonces puede que sea el momento de pasar página. Incluso cuando entendemos todo esto en algún nivel, puede que sigamos con la relación por una de las siguientes razones:

  1. Yo le puedo arreglar/cambiar: Estaré feliz una vez él/ella cambie y se comporte tal cómo yo quiero que lo haga. Intentar cambiar a otra persona sólo acabará volviéndote loco/a. La atracción de este planteamiento es que cuando nos centramos o nos obsesionamos en los problemas del otro, no tenemos que explorar nuestros propios problemas.
  2. Miedo – no tendré a nadie: No quiero encontrarme solo/a. Puede que no nos guste la relación en la que nos encontramos pero al menos estamos “cómodos”, incluso si no estamos felices. “Cómodos” en este sentido significa, “incluso si no estoy feliz, al menos conozco este juego. El aspecto más triste de esto es que cuando nos agarramos a lo “cómodo” no dejamos espacio para que surja la relación/persona que realmente querríamos.
  3. No puedo permitírmelo: Si rompemos la relación, él/ella se quedará con la mitad del dinero y cosas y no tendré suficiente. Y además, no lo merece. Sólo tú puedes decidir cuál es el precio de tu felicidad y bienestar.
  4. No quiero ser “el malo/la mala” de la película: Esperaré a que sea él o ella que fuerce la ruptura. Cuando concedes más importancia a la aprobación de las personas a tu alrededor que a tu propia felicidad, te costará mucho tener paz en tu corazón. La vida no es un ensayo de teatro; vivir para conseguir la aprobación de otros es una receta perfecta para la ansiedad y el estrés.

Es muy difícil saber lo que quieres si no te conoces a ti mismo o si no aceptas quién eres tú. ¿Cómo sería posible saber a quién o qué quieres si no sabes y aceptas quién eres tú? En vez de esto acabamos rechazándonos a nosotros mismos y edificando la fachada de una persona idealizada. Esta fachada simplemente no deja sitio para quién somos realmente y lo que verdaderamente necesitamos. A lo largo del tiempo esto creará ansiedad y una sensación de vacío.

Muchas veces las personas sólo actúan cuando ya no aguantan más. Cuando nuestro cuerpo o mente empieza a desmoronarse, muchas veces es por el deseo de liberarte del papel/personaje que has adoptado (inconscientemente). Es la manera que tiene tu cuerpo para decir, “¡basta ya! Esto no eres tú; ¡ahora haz algo diferente!”

Esto es por qué nuestra misión en la vida debería ser la de conocer, querer y aceptarnos a nosotros mismos. A largo plazo, es el camino más fructífero y menos estresante. Si hacemos esto, reducimos las distorsiones a nuestra percepción; no creamos estrés innecesario y podemos asegurarnos de que nuestras verdaderas necesidades estén cubiertas.

 

 

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