NO INTENTES SER FELIZ

NO INTENTES SER FELIZ

Si quieres ser feliz entonces, suelta el intentar ser feliz. De hecho deja de creer que deberías de ser feliz. La mismísima creencia de que deberías ser feliz te hará infeliz. Puede que esto, al menos inicialmente, parezca una contradicción – una paradoja, pero sólo si lo ves desde el punto de nuestra “solucionadora de problemas”, es decir, la mente racional – esa mente de hacer, “empujadora”, que piensa sin parar.

El hecho es que algunos problemas simplemente no pueden resolverse por muchas vueltas que les demos. No es posible resolverlo con la “solucionadora de problemas”. Tendrás más éxito haciendo una llamada telefónica con un plátano.

Intentar resolver emociones difíciles es parecido a luchar para liberarnos de arenas movedizas; cuánto más luchemos, tanto más rápidamente nos hundiremos; cuánto más intentemos pensar en cómo solucionar el problema de emociones difíciles, tanto más se empeora la situación.

Hemos sido seducidos por la idea insidiosa y francamente sin sentido de que deberíamos ser felices. Nuestros televisores, los cines e internet están llenos de personas plásticas permanentemente felices, divertidas y atractivas. Creemos erróneamente que la felicidad debería ser nuestra configuración por defecto. La idea de que deberíamos ser felices junto con la idea de que deberíamos siempre tener la autoestima elevada (en vez de lo más importante, autocompasión), nos aleja de la felicidad y de la aceptación de nosotros mismos. El resultado de este lavado de cerebro es que si no nos sentimos felices siempre y/o si no tenemos una autoestima elevada, creemos que hay algún fallo en nosotros, que es nuestra culpa y de alguna manera hemos fracasado. Tales ideas son responsables de tanto sufrimiento e infelicidad. ¿En algún momento has cuestionado la validez de estas ideas? ¿De dónde vinieron? ¿Cuándo las adoptaste y por qué? ¿Cuál es el efecto de estas ideas en tu vida?

Cuando creemos que deberíamos ser felices, entonces también creamos el problema de expectativas irrealistas. Las expectativas juegan un gran papel en nuestra experiencia de la felicidad. Estoy seguro que tú, como yo (en mi caso hace muchos años) has salido de juerga un sábado por la noche con grandes expectativas, convencido de que “hoy vamos a pasarlo bomba” y acabar sintiéndote frustrado ya que la realidad de los eventos no llegó a cumplir tus expectativas elevadas. Y qué tal la experiencia contraria: estás en casa solo/a, con la idea tal vez de quedarte en casa y ver una película. Te llama un amigo y te convence para salir; ni siquiera tienes muchas ganas de salir pero dices que sí a regañadientes; sales, ni siquiera te molestas en arreglarte demasiado; tus expectativas son bajas y la noche acaba convirtiéndose en una de las mejores noches de tu vida.

Las expectativas irrealistas causadas por la creencia de que deberíamos sentirnos felices, crea sufrimiento porque creemos que deberíamos de sentirnos diferente a cómo nos sentimos ahora mismo. Imagina la siguiente situación: estás paseando por una playa preciosa, kilómetros de arena blanca prácticamente desierta. Hace un día espléndido; es maravilloso tener la playa para ti solo prácticamente; el cielo despejado, infinito sin nubes, de color azul perlado; el sol te está calentando suavemente la espalda y te das cuenta de que no estás totalmente feliz. Inmediatamente tu mente racional se fija en esto y la pregunta surge en tu mente “¿Por qué me siento triste? No debería estar sintiéndome triste ahora mismo. Debería estar sintiéndome totalmente feliz; después de todo es mi playa preferida.” La pregunta se vuelve una piedra en la boca de tu estómago y destroza el momento. Ahora tu mente empieza a proporcionar un listado de todas las razones por las que deberías estar feliz: la playa, tu familia, tu trabajo, la salud, tu casa; incluso contrastas tu situación con la mayor parte del mundo, que materialmente, se encuentra en mucha peor situación que tú. Te sientes frustrado y la siguiente pregunta empieza a botar por tu cabeza: “¿Por qué no me siento más feliz?” No tardamos mucho en llegar al pensamiento: “si no puedo sentirme feliz aquí, entonces no me sentiré feliz nunca.” La creencia “debería de ser feliz” y las preguntas inevitables que engendra (“¿Por qué no me siento más feliz?”) causan gran cantidad de infelicidad.

El placer Vs la felicidad

Durante muchos años de mi vida no entendía la diferencia entre pasarlo bien y la felicidad. Pensaba que son lo mismo. No es inusual confundir el placer con la felicidad.

Muchas personas persiguen el placer con la creencia errónea de que están buscando la felicidad: buena comida, mejor sexo, coche llamativo, pantalla con plasma grande… la lista es infinita.

La felicidad es una experiencia placentera pero el placer no es necesariamente una experiencia feliz. Puede que pienses que esto son bobadas. Antes de llegar a esta conclusión, pasé muchos años de mi vida persiguiendo el placer: el placer de drogas, sexo y consumo conspicuo. Creía tristemente que estas cosas me hacían feliz pero esa creencia inevitablemente me trajo gran cantidad de sufrimiento lo que resultó en depresión rozando con el suicidio. Incluso la ciencia demuestra que las personas que se centran en placeres materialistas y superficiales generalmente acaban más ansiosos y menos estables emocionalmente y más infelices a largo plazo.

Sin embargo, nos han lavado el cerebro para perseguir el placer en vez de perseguir la felicidad. Confundimos ambas cosas. El placer proporciona  la más superficial de las satisfacciones de la vida pero tiene la ventaja de ser la más fácil de lograr. El placer sienta bien pero hay algo más.

Lo que tenemos que entender es que no podemos crear la felicidad; sólo podemos intentar crear condiciones adecuadas para que la felicidad surja.

La felicidad es un estado que ocurre cuando las condiciones correctas existen. De la misma manera, el hortelano no puede crear tomates, todo lo que puede hacer es crear condiciones favorables para que la planta del tomate prospere.

Así que, ¿Qué funciona?

Las personas más felices que conozco son aquellas que han dejado de intentar ser felices. 

Perciben sus vidas como un viaje, un proceso de auto-realización – un proceso de volverse la mejor persona que puedan ser. Están dispuestos a hacer la labor necesaria incluso si les hace sentir incómodos y han aprendido a no huir de tareas o sentimientos incómodos. Los ven por lo que son: oportunidades para un mayor entendimiento. Son bondadosos consigo mismos y aceptan sus propios defectos. Viven el placer y el dolor, emociones positivas y negativas con mayor ecuanimidad – simplemente baches en el camino – parte de un propósito mayor. El objetivo es que el destino es menos importante que el viaje. En la vida, la felicidad florece por sí misma. No se debe estar forzando nada.

Por qué no probarlo un mes renunciando a la idea de que deberías sentirte feliz simplemente haciendo lo mejor con lo que tienes delante. Es una liberación.

Cuando dejamos de intentar ser feliz es cuando abrimos la puerta a ser feliz.

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