Geoffrey Molloy

¿Personalidad adictiva o comportamiento de adicto?

Se dicen tantas bobadas sobre personalidades adictivas, cuando en realidad la idea no es más que una noción − una idea que carece de base científica.

Mientras yo era adicto a la nicotina, mi comportamiento correspondía al comportamiento de un drogadicto. Durante este período podía decir que tenía una ‘personalidad adictiva. Me comportaba de modo autodestructivo; estaba haciendo algo que sabía racionalmente que me hacía daño, pero sentía simplemente que no podía vivir sin ello. Tenía menos vitalidad, estaba más estresado y siempre ansioso por asegurarme de tener suficiente cantidad de mi droga a mano. Pero mi personalidad no causó mi adicción. La nicotina y la manipulación extensa de mis mapas mentales causaron mi adicción, igual que lo hacían en más del 80% de los adultos durante los años sesenta y setenta. Siguen haciéndolo en muchas personas hoy. El timo no ha cambiado nada.

Lo que hizo mi adicción fue modificar mi comportamiento, no mi personalidad.

Me pasaba lo mismo con el alcohol.

Los adictos no tienen personalidades adictivas pero sí, tienen un comportamiento adictivo.

Si alguien que deja de emplear la nicotina o cualquier otra droga, siente que ha hecho algún tipo de sacrificio, entonces es posible que busque algún tipo de sustituto. Esto no significa que tiene personalidad adictiva. El argumento ‘yo tengo personalidad adictiva’ es simplemente otra manera de decir, “Fumo o bebo pero no sé por qué.”

Otra excusa – ‘es genético. La mayoría de las personas tienen una idea demasiado simple sobre el significado de los genes y cómo actúan. Cada equis tiempo se pueden leer en la prensa titulares simplistas como ‘Encontrado – el Gen Responsable del Alcoholismo’. ‘Encontrado – el Gen Responsable de la Obesidad’. No existen tales genes,  tus genes te dan unas tendencias no tu destino.

Empleemos el fumar como ejemplo. ¿Los fumadores fuman porque es genético? Vamos a verificar algunos hechos. En España hace tan sólo unos treinta años, aproximadamente el 80% de la población adulta fumaba. Hoy en día la cifra se encuentra más cerca del 30%. ¿Qué vamos a creer, entonces? Si empleamos el argumento “todo depende de tus genes”, ¿estamos obligados a concluir entonces que durante los últimos 30 años ha habido una masiva mutación genética espontánea dentro de la población española? Aunque esto sería posible, es altamente improbable. Sin embargo, si estás convencido que todo depende de los genes, entonces pensarías que tiene que ser así.

 “¡Ah!” dices, “Pero todos saben que una vez fumador, siempre fumador. Si un ex-fumador fuma una sola calada, se enganchará de nuevo.” Esto no tiene nada que ver con su personalidad, sino con la naturaleza de las drogadicciones. Un ex-fumador nunca puede fumar ‘sólo un cigarrillo’.

Vamos a comparar esto con aprender a andar en bicicleta. Normalmente aprendemos a andar en bicicleta cuando somos pequeños. Lo fundamental para andar en bicicleta es encontrar el punto de equilibrio. Una vez hayas dominado este aspecto, entonces, incluso si no andas en bicicleta durante uno, cinco o incluso diez años, sabes que nunca lo olvidarás. Pregúntale a quien quieras. Todos tienen la confianza de que da igual el número de años que lleven sin andar en bicicleta, no necesitarían nada de tiempo para aprender de nuevo. El proceso es el mismo cuando se aprende a conducir un coche, jugar al ajedrez, nadar, montar a caballo o controlar la vejiga.

 Nunca ‘desaprenderás’ lo que has aprendido. Algo muy positivo en mi opinión. Sin embargo, esto no nos deprime. Me queda por conocer a alguien que diga “¡Una vez ciclista, siempre ciclista! Nunca me libraré de las bicicletas. Simplemente aceptamos que no podemos desaprender algo que hemos aprendido. De hecho, lo consideramos muy correctamente como una ventaja. Imagina que tuvieras que aprender a conducir de nuevo cada vez que subes al coche o aprender a nadar de nuevo cada vez que vas a la piscina. La vida sería muy diferente.

Responsabilidad: El argumento de la personalidad adictiva y ‘son nuestros genes’ son excusas perfectas para evitar la responsabilidad: “Fumo y no puedo dejarlo y no hay nada que pueda hacer. Ves, es genético, tengo genes de ‘nicotinómano’. No hay nada que pueda hacer con mis genes”. Esto le saca de un apuro con la familia y los amigos: “Deja de darme la lata por ser fumador. Sé que es estúpido y peligroso pero no hay nada que pueda hacer; es genético.”

En 1993, dejé de fumar. Llevo los últimos 27 años teniendo absolutamente claro que no tengo una personalidad adictiva ni un deseo secreto de suicidarme. Si me despierto por la noche, sé que no está relacionado con fumar. Antes era fumador empedernido, ahora soy libre. Mi comportamiento ha cambiado, no mi personalidad. Me doy cuenta de que el sentido de depresión y el sentido de desesperanza no tenían nada que ver con una personalidad adictiva, sino que era mi adicción a la nicotina lo que me daba mi comportamiento adictivo. No tenía una personalidad adictiva, sino que tenía un comportamiento adictivo. No dejé de fumar porque mis genes se mutaron (de genes de fumador a genes de no-fumador). Lo que cambió radicalmente fue mi percepción del fumar y de la droga nicotina. Dejé de ver el fumar tal como me habían manipulado la mente; en vez de esto, lo vi por lo que verdaderamente es. Una vez esto ocurrió, mi deseo de fumar se evaporó y me liberé.

 

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