REGÁLATE ALGO MUY IMPORTANTE QUE NO TE CUESTA NI UN CÉNTIMO

importancia de la respiración“¡Aahhh!”, me diréis.  “¡Claro que respiro!”  Seguro que sí pero es muy probable que no respires suficientemente bien. 

Lo que me encanta de este regalo que te haces es que no te va a costar ni un céntimo, lo puede hacer cualquier persona y en cualquier lugar o momento.  ¿No está mal, no?  Pero precisamente por esto, corremos el peligro de subestimar su importancia. 

Existe todo un movimiento científico que indica la importancia que es respirar mejor y más profundo. 

En los años treinta el médico alemán Otto Warburg, director del Instituto Max Planck de Fisiología Celular en Berlín, quiso probar su hipótesis de que existe una correlación directa entre la salud de una persona y el nivel de oxígeno en su corriente sanguínea.  Observó que cuando reducía a las células la cantidad de oxígeno que les daba hasta un 60% de niveles normales, algunas se debilitaban, otras morían y unas cuantas mutaban.  Otto Warburg ganó el premio Nobel en 1931 por su trabajo.  

Posteriormente, el Dr. Harry Goldblatt del Instituto Rockefeller, realizó más experimentos para apoyar la hipótesis de que una falta de oxígeno destruye células.  Duplicó el experimento del Dr. Warburg y luego introdujo las células de nuevo en las ratas.  Las ratas que recibieron estas células oxigenadas sobrevivieron mientras que aquellas ratas que recibieron las células con menos oxígeno desarrollaron cáncer. 

Según el libro “The Oxygen Breakthrough” del Dr. Hendler, sin ATP (adenosin trifosfato) nuestros cuerpos dejarían de funcionar inmediatamente.  Sin oxígeno no hay ATP.  Está claro por tanto, que una óptima oxigenación de nuestras células a través de una nutrición adecuada, hidratación, ejercicio y gestión del estrés, es absolutamente necesaria para mantener tu salud. 

Si has leído los últimos newsletters sabrás algo sobre la importancia de mantener un equilibrio ácido/alcalino en el cuerpo.  Donde hay más acidez, hay menos oxígeno y a las bacterias, virus y células cancerígenas les chifla un ambiente anaeróbico.  

Así que además de preocuparnos de los otros factores, lo primero que podemos hacer es aprender a respirar mejor.  La mayoría de nosotros hemos olvidado cómo respirar bien; el estrés nos lleva a respirar con poca profundidad.  Piensa en un momento que hayas estado estresado, ¿respirabas hondo?  ¡Qué va!, en este momento es cuando casi nos olvidamos de respirar. Además este exceso de acidez que he comentado antes tiende a debilitar la carga eléctrica de las células rojas de la sangre y hace que se agrupan entorpeciendo el transporte de oxígeno a las células, lo que a su vez, baja el nivel de oxígeno.

Así que lo que vas a hacer, es lo siguiente: 

Tres veces al día, haz 10 respiraciones profundas.  Hazlo bien y verás muy pronto cómo te hace sentir bien.  Una respiración, es algo así: 

Lo ideal es estar de pie.  Vamos a aprovechar el ejercicio para estimular los dos hemisferios del cerebro inhalando primero por un orificio de la nariz – tapando el otro con el dedo – y exhalando por el otro. Luego por el otro orificio. 

Hay mayor intercambio de gases en la parte inferior de los pulmones porque es donde hay más circulación sanguínea, así que cuando inhalas, asegúrate que “sacas barriga”.  Así que, vamos a inhalar profundo contando hasta cuatro.  Siente como el aire está llenando tus pulmones al máximo, primero la parte inferior y luego la parte superior.

Ahora vamos a retener el aire contando hasta dieciséis, así fuerzas a que el oxígeno entre en tus células.

Y terminamos por exhalar por el otro orificio de la nariz contando hasta ocho,  asegurando una máxima eliminación de toxinas. 

Ahora repitamos, empezando por el orificio por el cual acabamos de exhalar. 

Puede que en los principios te cueste retener durante tanto tiempo. Verás como con la práctica podrás hacerlo rápido.  Lo importante es el ratio, es decir, retener el aire cuatro veces más que la inhalación y exhalar dos veces más que inhalar. 

Hazlo y confío que notarás un cambio positivo tanto a nivel emocional como físico. 

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