Las Bardas Noche

Sin conexión no tenemos futuro

Pasé gran parte de mi infancia en Chipre. Tengo recuerdos de mí mismo como niño de unos 8 o 9 años tumbado en la parte del maletero de un coche familiar tipo ranchera mientras mi padre conducía de noche entre Nicosia y Limassol. Esto era en los años sesenta, antes de los cinturones de seguridad y los airbags. Tumbado sobre los asientos traseros, recuerdo mirar por la ventanilla y ver las estrellas. Recuerdo tener una sensación de fascinación, de estar flotando, de paz. Incluso a esa corta edad, sentía una profunda sensación de asombro.

Donde vivo ahora el cielo nocturno es muy oscuro. Las pocas luces que hay vienen del pequeño pueblo al fondo del valle. Cuando observo esa oscuridad llena de incontables puntos de luz incandescentes, sigo sintiendo esa sensación de fascinación y asombro − igual de asombroso que la primera vez. Es más, diría que mi conexión es más profunda ya que ahora entiendo que somos literalmente cenizas de estrellas. Noto la misma sensación de conexión y asombro cuando estoy en la naturaleza.

La mayoría de las personas que vienen a nuestros retiros viven en ciudades − lugares de iluminación permanente, lugares donde nunca oscurece, donde la naturaleza ha sido relegada a pequeños cuadrados de color verde, bañados en aire con sabor desagradable, apresados en un mar de hormigón y asfalto. Es donde vive la mayor parte de nuestra especie hoy en día. Tristemente, hay generaciones enteras a quienes la oscuridad y la naturaleza pura les provocan miedo en vez de fascinación.

En la ciudad hay muy poca conexión con el pulso de la tierra, la respiración de los bosques o el asombro del cosmos. Sin todo esto es fácil sentirse desconectado, perder la experiencia de la profunda interconexión que hay entre todas las cosas; perder el rumbo. La sensación de separación puede sentirse muy agudamente.

Un humano en esa situación puede estar rodeado de miles de personas y sentirse solo hasta el punto de suicidarse.

Adéntrate en la naturaleza. Sal a la oscuridad y simplemente quédate ahí, en silencio. Permítele a tu mente calmarse y reconectar con tu derecho de nacimiento; experimenta la sensación de pertenecer a algo mucho más grande que tú mismo. Siente esa profunda sensación de interconexión – siéntete humilde, lleno de vigor y asombro, todo al mismo tiempo. La mejor medicina es cuidar de ti mismo/a.

Si podemos reemplazar la ilusión de separación con la experiencia directa de interconexión; si podemos experimentar que todos somos parte del mismo conjunto entonces hay esperanza para nosotros individualmente y como especie.

La pandemia de COVID-19 has reducido las posibilidades de salir al campo. La posibilidad de sentirte desconectado es más grande que nunca. Las restricciones varían según la zona y cambian día a día. A pesar de esto, existe la posibilidad. Así que cuando tengas alguna posibilidad, hay que aprovecharla.

 

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