Mente Amigo O Enemigo

Tu mente – tu mejor amigo y tu peor enemigo

¿Quién es tu enemigo? Tu mente es tu enemigo. Nadie te puede hacer más daño que tu propia mente indómita. ¿Y quién es tu amigo? Tu mente es tu amigo. Nadie te puede ayudar más que tu propia mente, entrenada sabiamente – ni siquiera tu propia Madre o Padre —Buddha.

Una de las cosas que mejoraría mi experiencia de bares y restaurantes sería no tener que estar expuesto al estruendo implacable de la television. Justo el otro día me encontré dejándome ser irritado por algún estúpido programa que parecía consistir en personas extrañamente plásticas cotilleando, criticando y tratándose los unos a los otros horriblemente. En otros momentos – teletienda y la voz del presentador llena de emoción jadeante sobre cómo alguna chorrada carísima, cuya existencia desconocía, me cambiaría la vida; en otro momento – un “refrito”. Luego – las noticias – un informe catastrofeando sobre cómo todos estamos jodidos.

Pensé en lo parecido que es todo esto a la mente: Un ruido permanente e invasivo que no puedes apagar. El contenido consiste principalmente en mentiras, fanforradas, en personas obsesionadas consigo mismas y con sus opiniones – en otras palabras en el ego. Igual que los protagonistas en la television la mente se cree muy importante de forma engreída. (Nos olvidamos de que la mente racional sea el sirviente, no el dueño.) Tu propio canal mental puede consistir en “refritos” de tu última aventura amorosa o de una conversación que tuviste con tu jefe o de ansiedad o vergüenza sobre algún problema o ira por haber sido tratado pésimamente por alguien en tu pasado distante. Igual que la televisión en el bar, es difícil cambiar de canal. Todo el espectáculo sigue repitiéndose y repetiéndose sin resolución. Puede parecer como una forma de locura— ¿Te has fijado en esto alguna vez?

Tus pensamientos a veces hablan con el tono y palabras de tus padres – un monólogo demolador repetidor. En otros momentos tus pensamientos emplean la voz necesitada del niño abandonado; a veces esa voz extremadamente ambiciosa .De vez en cuando se escucha la voz de la sabiduría, palabras amables y palabras cariñosas. La mayor parte del tiempo tus pensamientos son como una burocracia que continúa perpetuándose incluso cuando ha quedado atrás la necesidad, incluso cuando en realidad se ha convertido en algo desagradable, restrictivo y posiblemente peligroso para ti.

Vale, estarás pensando, “Sé todo esto pero… ¿qué puedo hacer con esto? – quiero decir… ¿Qué puedo hacer con aquellos pensamientos que producen ansiedad, miedo e ira? Son imposibles de controlar.

Cuando practicamos mindfulness y la meditación llegamos a experienciar nuestros pensamientos y, como consecuencia, muchas de nuestras creencias simplemente como imaginarias y muchas veces erróneas. La meditación significa que podemos cambiar nuestra relación con nuestros pensamientos y por tanto con nuestras emociones y sentimientos. Cuando les observamos estando conscientes y presentes, nos damos cuenta de su naturaleza efímera – cómo surgen aleatoriamente, se quedan un rato y luego desaparecen. Experimentamos que el simple hecho de tener el pensamiento no significa que tengamos que creerlo – Aún menos actuar sobre él.

Cuando meditas, descansas conscientemente del presente y te abres a la experiencia de una presencia atemporal más allá del reino del pensamiento. Es en este espacio donde el verdadero crecimiento curativo puede ocurrir. A medida que sigues meditando acabas dándote cuenta que te estás sintiendo no como un ego limitado tirado hacia aquí y allá, sino tal y como verdaderamente eres: la consciencia atemporal detrás todo pensamiento.

Así que deja de buscar excusas y practica.

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