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Un cuento desde el lado oscuro

Un agujero negro de desesperanza ha sido mi compañero durante una gran parte de mi vida.

Este sentimiento no es inusual para personas que han sufrido los tipos de descuido, abuso o abandono durante su niñez como yo. En mi caso y en muchos otros daba lugar a un comportamiento compulsivo de evitación con drogas (incluyo el alcohol), el sexo, enamorarme, trabajar – de hecho cualquier cosa que me ayudaba a “escaparme” de ese sentimiento vacío de desesperanza.  El aspecto más extraño de todo esto es que no estaba consciente de que estaba intentando escaparme de algo; simplemente sentía una necesidad compulsiva de estar “haciendo algo” siempre. Había muchos días durante muchos años cuando me costaba encontrar una razón para seguir viviendo ante esta desesperanza abrumadora. Esto fue un sufrimiento privado ya que era experto en disfrazar esto con una sonrisa radiante y una fachada positiva. Fueron tiempos oscuros sin duda. Cuando miro atrás siento gran compasión por aquel joven que sufría tanto.

Esto empezó a cambiar cuando, en vez de huirme de este horrible sentimiento, me acerqué a él y lo abracé. Mi misión se convirtió en conocerlo e integrarlo. No fue nada agradable. Al principio, pensaba que podría volverme loco. A medida que empezaba mi exploración, me palpitaba el corazón de miedo. Temblaba y a veces lloraba. Aprendí a reconocer y aceptar el impulso de huirme sin reaccionar a él. En vez de esto respondía a fuerza de observar el sentimiento, explorándolo con curiosidad abierta y un sentido de bondad hacia mí mismo. Aprendí algo muy importante: que el miedo que tenía a ese sentimiento, de muchas maneras era peor que el sentimiento en sí.

Años después, el sentimiento sigue acompañándome. Sin embargo, su intensidad y el poder que tiene sobre mi vida se han reducido en gran medida. La mayor parte del tiempo, me parece que está bastante lejos – parecido al ladrido muy distante de un perro por la noche. Lo reconozco por lo que es pero no me molesta. Reconozco su presencia sin ninguna necesidad de cambiar algo; simplemente está ahí. Sin embargo, cuando necesito o quiero experimentarlo, lo puedo hacer bastante fácilmente; lo puedo traer a la primera fila de mi atención. Se ha convertido en una joya de experiencia y sabiduría. Es interesante que cuando hablo con alguien que ha tenido una experiencia parecida, me fijo en cómo este sentimiento resuena con el sentimiento que tiene la otra persona. Se ha convertido en una fuente de empatía y compasión.

En cada aspecto de la vida, la oportunidad para encontrar la joya de crecimiento en lo que a primera vista parece una experiencia “montón de mierda” siempre está ahí. Todo lo que necesitamos hacer es fijarnos sin apresurarnos en juzgar y adoptar una actitud de predisposición a aprender de las dificultades. En vez de reaccionar a fuerza de luchar o distraernos, cuando observamos con ojos de sabiduría, las dificultades pueden convertirse en nuestra buena fortuna.

No podemos rechazar lo que forma parte de nosotros. Descubrí:

 Que no tememos lo que entendemos.

 

 

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