URGE DESPERTARNOS

URGE DESPERTARNOS

Muchos de nosotros fuimos criados para ser niños “buenos”. Tradicionalmente esto significa obediencia y “pensar en los demás”. Nos dijeron que poner tus propias necesidades ante las necesidades de los demás es el colmo del egoísmo y comprendemos desde muy jóvenes que el egoísmo es malo. La idea de “el egoísmo es malo”, “poner a los demás por delante de ti es bueno”, es común en muchas religiones y culturas. Mis influencias religiosas fueron el Islam por parte de mi madre y el Catolicismo por parte de mi padre. Más tarde, afortunadamente encontré la filosofía budista (no la religión), una forma de relacionarme con la vida que para mí, tenía más sentido. A pesar de sus muchas diferencias, cuando se trata de egoísmo, todas estas religiones coinciden en que todos deberíamos tratar de ser menos egoístas; el egoísmo es malo.

No tengo dudas de que el egoísmo suele ser malo. Malo para la persona que actúa egoístamente y malo para quienes lo rodean. Lo opuesto al egoísmo es la consideración que surge de forma natural de una actitud de compasión y bondad. Cuando hay mucha gente que tiene que compartir un espacio público, la consideración, la compasión y la bondad actúan como “lubricante”. Estas cualidades también proporcionan cohesión y solidaridad en la sociedad. Cuando no hay compasión o bondad presente, entonces la avaricia, la corrupción y la violencia no se quedan atrás. Algunos pequeños ejemplos en la vida cotidiana son por ejemplo; aparcar el coche sin consideración – ocupando dos espacios; en el metro, tratando de subir antes de que otros hayan bajado; conducción agresiva, colándose en una cola. He sido culpable de todos esos compartimientos en algún momento. En cada uno de ellos, en cada ocasión, me encontraba metido en una burbuja del “universo centrado en mí”. En esta burbuja, todos se convierten en un obstáculo o una ayuda (generalmente un obstáculo). Sentimos que: “Soy yo frente al mundo”, cuando otra perspectiva más precisa y útil sería: “Todos están en la misma situación que yo, todos queremos ser felices y evitar el sufrimiento. La compasión y la consideración fluyen naturalmente desde este punto de vista.

Estoy seguro que al igual que a mí, te ha dolido ver algunos de los cambios en la sociedad durante los últimos 30 años más o menos. A nivel mundial, parece que la avaricia, la corrupción y una desigualdad cada vez mayor están aumentando y son cada vez más protegidas. Estamos destruyendo sistemáticamente el único hogar sólo por dinero fácil y rápido. Todo esto muestra una mezquindad egoísta y apretada, una patética mezquindad de visión. Me preocupa el futuro para mis hijos y nietos.

Egoísmo iluminado*

“No puedes resolver un problema desde la misma conciencia que lo creó. Debes aprender a ver el mundo con una visión nueva”. Albert Einstein

Si queremos dejar un mundo mejor a los que vienen por detrás, primero debemos cambiarnos a nosotros mismos.

Al llegar a la treintena, tomé la decisión de que la “disfunción” presente en mí, mi padre y su padre se detendría conmigo. Que estaba dispuesto a hacer todo lo que tuviera que hacer para que esto sucediera. Haría lo que tendría que hacer para ahorrarle a la próxima generación el sufrimiento  innecesario. No ha sido fácil ni rápido. De hecho, todavía estoy trabajando en eso. Me complace decir que los niños que he criado están libres en gran medida de estas disfunciones. Para hacer esto, tuve que elevar mi nivel de conciencia, cambiar la percepción de mí mismo, del mundo que me rodea y agradecer esta vida que tengo la suerte de vivir. El gran privilegio que tengo es que ahora puedo enseñar lo que he aprendido.

Creo que todos sabemos estas cosas en algún nivel. Creo que intuitivamente entendemos que a menos que cambiemos, nuestra especie probablemente esté condenada, sin futuro. Pero siempre estamos demasiados ocupados, demasiados distraídos, demasiados llenos de nuestra propia importancia, demasiados ocupados protegiendo a nuestra “tribu”. Demasiados ocupados persiguiendo las cosas que nos hacen sentir vacíos. Al igual que el adicto al alcohol  siempre está aplazando la decisión de dejarlo: “Sólo necesito una última copa hoy y mañana lo dejaré… la próxima semana… el próximo lunes…” pero nunca lo llega a hacerlo.

Meditación, atención plena, resiliencia y todo lo que esto conlleva; autocompasión, gratitud, bondad y compasión. Estas son las herramientas del egoísmo iluminado. No es coincidencia que estas prácticas, preceptos y actitudes que son tan buenos para nuestro propio bienestar, sean buenos para nuestros hijos, nuestra sociedad y nuestra especie.

*Iluminación: la iluminación se refiera a una persona totalmente despierta.

Deja un comentario